sábado, 25 de junio de 2011

Una mirada a los rumbos probables de Ollanta Humala post 28 de Julio

“Si se me diera la oportunidad de hacer un regalo a la siguiente generación, sería la capacidad de reírse cada cual de sí mismo.”
Charles M. Schulz

Dicen que en política mejor historiador que profeta y para los políticos eso es la dura realidad. Para los aprendices de brujo metidos en las ciencias sociales en cambio, el ejercicio de la profecía es una tentación casi ineludible a la que pocos pueden resistirse  aunque sea como ya es sabido, un vano oficio.

Admitiéndome caído en las redes de este inofensivo vicio (porque algún vicio tengo que tener), iré a lo que me interesa y que son los escenarios probables tras la asunción al poder del electo presidente Ollanta Humala el 28 de Julio.

Tenemos 4 escenarios todos más o menos probables dados la condición de incertidumbre en que se nos presenta el futuro a partir del próximo 28 de Julio: a) El electo presidente Humala se embarca en un programa de reformas con énfasis en la inclusión social que nos convierte en un Estado de bienestar a la manera de Costa Rica. B) El electo presidente Humala es directamente confrontado por los grupos empresariales y la derecha política  y opta por un reeditar un gobierno al estilo de Alejandro Toledo y Perú Posible, algo factible dada la convergencia que al parecer se ha alcanzado entre Gana Perú y Perú Posible, pero con un mayor énfasis en la redistribución y mayor flexibilidad política que lo distinga tanto del estilo de Toledo como el de Alan García. C) Ollanta Humala da un giro de 180º desde sus posiciones iníciales planteadas en su programa “La Gran Transformación” , le da una patada al ala más radical de sus colaboradores y al conglomerado de fuerzas sociales que le dio la victoria en primera vuelta y se convierte en la encarnación peruana  de Milton Friedman como cree Álvaro Vargas Llosa. D) El electo presidente Ollanta Humala empieza un programa de acumulación del capital político necesario para dejar de lado las buenas intenciones de sus ocasionales aliados de la segunda vuelta en base a la aplicación de políticas sociales de corte asistencialista y aplica a rajatabla su programa inicial de “La Gran Transformación.”


Todos y cada uno de estos escenarios son posibles dada la incógnita de la variable Humala y cada uno tendría un correlato en lo que a este pequeño intento de futurología nos puede presentar.  Considero no obstante que los escenarios posibles C y D son los más improbables quizás por exagerados. No obstante no los descarto y no los descarto por la sencilla razón de dejar el horizonte abierto para los hinchas más recalcitrantes y los detractores más acérrimos.

En términos generales, la gestión de Ollanta Humala hereda un escenario de alta conflictividad social que tiene que ser enfrentado con políticas que enfaticen tanto el reconocimiento como la redistribución, esto considerando un criterio pragmático y no ideológico ¿Sera un gobierno populista como reclaman los detractores? Depende, la solución a un problema tiene que ser mirada dentro de su contexto y desde la perspectiva de cada actor. Lo que para unos puede ser una medida justa y necesaria como Pensión 65 y la esperada universalización del sistema de salud, son medidas que pueden ser interpretadas como necesarias como instrumentos de reconocimiento de la ciudadanía o simplemente por razones humanitarias, pero que también pueden ser usadas como medio de crear una base clientelar con clara finalidad política. 

La sola  apuesta por una política claramente asistencialista bastaría para darle a Ollanta Humala mayores índices de popularidad y menos conflictividad de la cual tiene nuestro presidente saliente Alan García o de la que alcanzo su predecesor Alejandro Toledo. Es muy posible combinar políticas de incentivo al  mercado y altos niveles de proteccionismo con asistencialismo social, no por gusto el Brasil de Lula donde aproximadamente el 57% de la población vive en una familia que percibe algún tipo de subvención directa por parte del gobierno. Sin embargo y contra lo que se puede argüir, el asistencialismo no es malo por si mismo, es una herramienta más que puede utilizarse políticamente para superar un problema puntual y siempre que se utilice en ese sentido es útil, es perverso y nocivo cuando se pretende perpetuar y usar para explotar la necesidad con fines políticos y de perpetuación de un régimen dado.  No hay porque asustarse entonces a la primera impresión de asistencialismo estatal que veamos por ahí, aunque hay que permanecer vigilantes.

Un asunto puntual que no entienden y no entenderán los hinchas del humalismo y creo que tampoco los odiadores a morir del fujimorismo, es que con Chávez, Evo, Correa y Ortega andando por ahí, el beneficio de la duda que se le puede dar al proyecto humalista es bastante reducido y así lo entendió un 48% del electorado  que está esperando señales claras del rumbo que tomara Ollanta Humala en su periodo presidencial y los horizontes de este. Que entre los valedores de Humala se encuentre un Nobel de Literatura, la verdad es que no nos dice nada a ese 48% que voto en  contra de Humala, la intelectualidad no está libre de la posibilidad de equivocarse y no dispone del beneficio de la infabilidad papal (beneficio y potestad que solo se aplica a cuestiones teológicas).

Podrían encontrarse lo mismo el santo padre y el Dalai Lama y seguiríamos dudando. Hasta no ver no creer y en ese sentido hay dos horizontes bien claros, los primeros 100 días y los últimos dos años ¿Qué tan profundo será el cambio propuesto por Humala?, ¿En qué dirección ira?, ¿Pretende sacrificar el crecimiento en pro de la redistribución? La redistribución es necesaria y justa, sacrificar el crecimiento no es de ninguna manera aceptable. Hacer que el crecimiento sea sostenible y deje de lado el énfasis en el sector primario (cosa que de acuerdo a las investigaciones realizadas por Jaime De Althaus ya está sucediendo), es aun más importante si cabe.

Veamos ahora la distribución de fuerzas políticas en el horizonte post García. Demos por descontado que Perú Posible y los nacionalistas se establecerán en una suerte de convergencia al estilo del APRA y el Fujimorismo durante este periodo, el peruposibilismo es quizás junto a Solidaridad Nacional una de las fuerzas políticas más dispuestas a desaparecer atraídas por la gravedad del oficialismo, no sería nada raro que el APRA acabe sumando esfuerzos al nacionalismo o una sus fuerzas al fujimorismo o al PPC que probablemente no logre mantener por mucho tiempo la unidad de la bancada de Alianza por el Gran Cambio.
 
Tenemos tres perfiles claramente opositores o que deberían orientarse en ese sentido: el APRA que con Mauricio Mulder a la cabeza en el Congreso de la República, podría convertirse en la piedra en el zapato del nacionalismo si es que este opta por una política de persecución contra el aprismo. Mientras tanto, el esperado retorno de Alan García a las filas de su organización servirá para darle un nuevo impulso a las descoordinadas bases apristas y orientarlas de cara al proceso del 2016, el PPC que parece haber tomado conciencia como nunca antes de su condición de partido limeño céntrico y que realmente no tiene una gran capacidad organizativa que le permita ser una fuerza de oposición fuera del congreso y finalmente el fujimorismo que esta llamado dadas las circunstancias a ser la principal fuerza opositora junto al aprismo. 

Los fujimoristas a pesar de su dispersión en varias agrupaciones, se comportan como una sola bancada, quizás la más disciplinada del congreso y es de esperar que se mantengan como un sólido bloque ahora que ya tienen una lideresa consolidada en Keiko Fujimori que demostró ser la gran sorpresa de esta campaña. Eso si Keiko Fujimori decide continuar su labor política tal cual indican las primeras señales dadas por los comandos fujimoristas durante este último fin de semana.  Como quiera que la situación del fujimorismo, demanda una explicación más amplia, daré cuenta de ella en otro escrito (algún material me tengo que guardar para darle continuidad a mis post).

De la probable interacción entre las fuerzas políticas, la sociedad civil, los actores económicos y hasta el azar depende en buena medida el estado en que las fuerzas políticas de hoy puedan presentarse en 2016. Mi supuesto fundamental es que Ollanta Humala tiene todas las condiciones necesarias para alcanzar un elevado nivel de popularidad independientemente del éxito de su mandato a largo plazo. El clientelismo ayuda mucho en eso y más cuando se tienen a la mano dos factores clave: recursos y oportunidad. El próximo gobierno tiene necesidad de cerrar brechas sociales que agudizan nuestra conflictividad social y por ende tiene la oportunidad necesaria para crear la base clientelar, añádase a eso la existencia de recursos y el plato está servido.

Algo a tener en cuenta con Ollanta Humala ya en el ejercicio de sus funciones, será la camisa de fuerza de los compromisos contradictorios en los que se ha metido, por una lado tiene a su núcleo duro, ese tercio de la población electoral que pide cambio a gritos y ese 20% que se le unió en la segunda vuelta y cuyo voto al menos de manera considerable estuvo orientado por el ansia de detener  a la candidata rival y lo que esta representa para ellos. Me atrevo a decir que pase lo que pase y vaya en la dirección que vaya, al final de su presidencia algún sector de todos los que apoyaron a Humala, antes o después de la primera vuelta, acabaran sintiéndose traicionados. Por supuesto ello no es óbice para que al final de su gestión, Ollanta Humala pueda resultar beneficiado como es su deseo con elevados niveles de popularidad , el hoy denostado Alberto Fujimori en su momento alcanzo notorios niveles de aceptación pública hasta hoy,  no igualados por los regímenes que le sucedieron.

¿En cual de todos los escenarios posibles se instalara el gobierno de Ollanta Humala? En principio es lógico pensar que necesariamente el gobierno humalista tendrá que aceptar las necesarias concesiones a su coalición original, el escenario de alta conflictividad social en que nos encontramos, nos lleva a pensar en ello. La experiencia de Perú Posible que trato dentro de la debilidad de su liderazgo de llevar a cabo un gobierno responsable, nos ilustra de lo poco deseable que puede resultar para los populistas un horizonte donde la popularidad brille por su ausencia, un peligro muy elevado cuando se inicia con una cifra de aceptación de superior a los dos tercios y más si tenemos una ciudadanía tan volátil como la nuestra.

El factor que será decisivo en la orientación del gobierno de los nacionalistas será la coalición política con la que logren gobernar y la solides de la misma, en ese sentido sería saludable y enteramente democrático que Perú Posible y sus coaligados definieran de una vez si ingresan o no ingresan abiertamente en una alianza de gobierno con Gana Perú y dejan de lado lo que parece un juego de biombos chinos dedicado a ocultar lo que tiene toda la impresión de un legitimo cogobierno con mucho mayor nivel de compromiso que la tacita alianza establecida entre apristas y fujimoristas durante la actual administración.

Perú Posible y su líder Alejandro Toledo están en  condiciones de limitar las corrientes más radicales que rodean a Ollanta Humala y Gana Perú e integrarlo en un proyecto decididamente modernizador.  No espero ver aquí a Milton Friedman redivivo en la estampa de Ollanta Humala y su proyecto nacionalista, pero me sorprendería gratamente ver a Anthony Giddens enrumbando en estas tierras, un proyecto que el toledismo no logro encarnar del todo dado el escaso margen que le dio el erario público del periodo 2001-2006 y cuyo horizonte podría hoy emprender direccionando  a la nueva administración nacionalista.

En términos generales sostengo que hay razones para ser optimista en relación al desempeño de la nueva administración. Aun no han pasado los primeros 100 días de su gestión, al momento de escribir estas líneas ni siquiera han comenzado a ejercer sus funciones y el momento para el tremendismo, es decir el de la campaña ya ha terminado.

Nos leemos.
Iván Budinich
ivanbudinich@yahoo.com

sábado, 11 de junio de 2011

TESTIMONIO DE UN SOLDADO

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TESTIMONIO DE UN SOLDADO:


'No he venido a defenderme'. Nadie tiene que defenderse por haber ganado una guerra justa. Y la guerra contra el terrorismo fue una guerra justa. Sin embargo yo estoy aquí procesado porque ganamos esa guerra justa. Si la hubiéramos perdido no estaríamos acá -- ni ustedes ni nosotros --, porque hace tiempo que los altos jueces de esta Cámara habrían sido sustituidos por turbulentos tribunales del pueblo feroz e irreconocible hubiera sustituido a la vieja Patria.

Pero aquí estamos. Porque ganamos la guerra de las armas y perdimos la guerra psicológica. Quizás por deformación profesional estábamos absortos en la lucha armada; y estábamos convencidos de que defendíamos a la Nación y estábamos convencidos y sentíamos que nuestros compatriotas no sólo nos apoyaban. Más aún, nos incitaban a vencer porque iba a ser un triunfo de todos. Ese ensimismamiento nos impidió ver con claridad los excepcionales recursos propagandistas del enemigo y mientras combatíamos un eficacísimo sistema de persuasión comenzó a arrojar las sombras más siniestras sobre nuestra realidad hasta transformarla, al punto de convertir en agresores a los agredidos, en victimarios a las víctimas, en verdugos a los inocentes. Y esa guerra psicológica no ha cesado. Lleva más de diez años golpeando la sensibilidad de la gente, ayudada por un extraordinario apoyo de la prensa. Era y es imposible contestar esos ataques porque, en primer lugar, es muy difícil encontrar los medios dispuestos a jugarse por la verdad cuando la correntada social avanza en sentido contrario; y en segundo lugar, porque no se han tergiversado solamente las palabras se ha tergiversado la convención social que le da a cada palabra un significado aceptable para todos.

Así parecería que la democracia era el terrorismo y los que combatíamos al terrorismo éramos los auténticos terroristas. Así hemos perdido el sentido de la palabra libertad que es un bien en sí mismo, independiente de que alguien intente arrebatárnoslo, y las usinas destinadas a la perversión de las ideas la han suplantado por la palabra 'liberación', que no supone un bien intrínseco, sino un bien coyuntural sujeto que alguien nos esté oprimiendo. Se da entonces por sentado que siempre estamos oprimidos a menos que, claro, estén los liberadores manejando el poder.

Cuando el enemigo se dio cuenta de que empezaba a perder la guerra de las armas montó un espectacular movimiento de amparo, inobjetable, del sagrado tema de los derechos humanos. Yo tenía muy buenas razones informativas para saber que se trataba de una guerra psicológica totalmente desprovista de buenos sentimientos, pero si algo me hubiera faltado para convencerme, aparece una satánica discriminación en los derechos humanos. Nunca, ninguna de las entidades beneméritas ni de las personas notables que alzan su voz por los derechos humanos, ninguna dijo nunca nada sobre las víctimas del terrorismo. ¿Qué pasa con los policías, los militares, los civilesçquefueron víctimas-muchas veces indiscriminadas- de la violencia subversiva ? ¿Tienen menos derechos o son menos humanos ?

Esta sencilla observación que no hace falta demostrar porque ahí están los hechos, nunca fue objeto de la atención o al menos de la curiosidad de nadie y a esta altura es una especie de valor aceptado por la sociedad que la violación de los derechos humanos estuvo únicamente a cargo de los represores y que las víctimas de esas violaciones son únicamente terroristas

El asombroso silencio que hay en torno de esta monstruosa falsificación es suficientemente indicativo del grado de parcialidad que ostentan desde los dirigentes políticos hasta aquellos que deberían ser -por su investidura- profesionales de la imparcialidad,pasando por los jefes de los grupos de presión, siempre preparados para poner en la calle diez mil o veinte mil irracionales ululantes capaces de convencer a los poderes públicos de que ellos son la historia y ellas ya han dado su veredicto.

No le reprocho al fiscal el estilo con que ha desarrollado la acusación porque después de todo, el estilo es el hombre. Le reprocho sí, sus desagradables ironías sobre nuestros héroes.

Alguien me dijo que era intolerable que se jugara al sarcasmo con nuestros muertos. Pero, ¿quienes son nuestros muertos ?; ¿de quién son los muertos ?. Terminado el fragor de la guerra, todos los muertos son de todos, y nadie tiene derecho a hablar de ellos, sin el respeto que a cualquier hombre moral y civilizado debe inspirarle la dignidad intrínseca de la muerte, aunque más no sea, porque cada muerto es un testimonio tangible de la eternidad.

Pero si no ha habido serenidad para hablar de nuestros muertos, ¿Quién sería tan candoroso de esperar un proceso objetivo para los que están vivos? ¿Quién sería tan candoroso de esperar un proceso objetivo en medio de esta presión social?; ¿Quién sería tan candoroso de pensar que se está buscando la verdad, cuando mis acusadores son aquellos a quienes vencimos en la guerra de las armas?.

Aquí estamos protagonizando todos algo que es casi una travesura histórica: los vencedores son acusados por los vencidos. Y yo me pregunto: ¿En qué bando estaban mis juzgadores? ¿Quienes son o qué fueron los que tienen hoy mi vida en sus manos?; ¿eran terroristas? ; ¿estaban deseando que ganaran los represores?; ¿eran indiferentes y les daba lo mismo la victoria de unos que la de otros?

Lo único que yo sé es que aquí hubo una guerra entre las fuerzas legales, en donde si hubo excesos fueron desbordes excepcionales, y el terrorismo subversivo en donde el exceso era la norma. Esto que acabo de decir es el punto central y tanto que la acusación no ha hecho otra cosa que tratar de demostrar que los excesos eran norma en las fuerzas legales. Naturalmente no es cierto. Cualquiera puede imaginar que nadie transforma a los oficiales y suboficiales del Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada en una banda de sorprendentes asesinos que de la noche a la mañana pierden todo reflejo ético.

Pero lo que no hace falta demostrar es que en una organización terrorista, el exceso sí es la norma, simplemente porque el exceso es su razón de ser. Claro que de eso no se habla, parece un simple detalle. Pero ellos, los que ejercieron el exceso como norma, son mis acusadores, son mi simple detalle.

En la obsesión del enemigo por debilitar a las Fuerzas Armadas no ha ahorrado hasta el uso de la infamia menor, tratando de mostrar supuestos agravios y recriminaciones recíprocas entre los que ejercimos el comando de las Fuerzas Armadas en aquel momento. Los distintos puntos de vista políticos que existieron, se mantuvieron siempre dentro del plano de las ideas y es simplemente ridículo pensar que eso tenía consecuencias en las relaciones institucionales como las personales. A pesar de esas diferencias, nunca se perdió el respeto entre nosotros. No obstante comprendo que a los vencidos les interese difundir esa fábula, con la esperanza de que las Fuerzas Armadas de hoy se miren entre sí con suspicacia. Dividir para reinar. Pero los que están delatando es, en definitiva, miedo, mucho miedo. Porque el enemigo sabe que las Fuerzas Armadas de hoy son capaces de derrotarlo como las Fuerzas Armadas de ayer.

No he venido a defenderme. He venido como siempre a responsabilizarme de todo lo actuado por los hombres de la Armada mientras tuve el incomparable honor de ser su comandante en jefe.

También me responsabilizo por los hombres de las fuerzas de seguridad y policiales que durante mi comando actuaron subordinadas a la Armada en la guerra contra la subversión. Quiero decir, además, que me responsabilizo por los errores que pudieran haber cometido.

Pero, si el Tribunal necesita para eximir de responsabilidad a mis subordinados, a todos mis subordinados, que yo deba aceptar además que todas sus actuaciones fueron cumpliendo órdenes precisas que yo debiera haber impartido personalmente y en forma omnipresente lo acepto.

Yo y sólo yo tengo derecho al banquillo de los acusados. Sentar a otros aquí sería como sentar al pais en el banquillo de los acusados, porque en verdad les digo, que el pais libró y ganó su guerra contra la disolución nacional. Pido a Dios que el Tribunal no cometa la equivocación de poner al país en estado de proceso, porque esa equivocación equivaldría a haber perdido también la guerra de las armas.

Si necesitan acabar con nosotros, háganlo, pero no le arrebaten al pais su única victoria de este siglo.

Mi serenidad de hoy, proviene de tres hechos fundamentales. En primer lugar, me siento responsable pero no me siento culpable, sencillamente porque no soy culpable. En segundo lugar, porque no hay odios en mi corazón. Hace tiempo que he perdonado a mis enemigos de ayer, a mis flamantes enemigos que no han podido substraerse a la compulsión que estamos viviendo. Y en tercer lugar, porque estoy en una posición privilegiada. Mis jueces disponen de la crónica, pero yo dispongo de la historia y es allí donde se escuchará el veredicto final.

Casi diría que afortunadamente carezco de futuro. Mi futuro es una celda. Lo fue desde que empezó este fantástico juicio y allí transcurrirá mi vida biológica, ya que la otra, la vida creadora, la vida de la inteligencia, la vida del alma, se la entregué voluntariamente a esta veleidosa y amada Nación.

Sólo de una cosa estoy seguro. De que cuando la crónica se vaya desvaneciendo, porque la historia se vaya haciendo más nítida, mis hijos y mis nietos pronunciarán con orgullo el apellido que les he dejado'.



Nota: ¿Muy interesante discurso, no? Pareciera que fuera de cualquier miembro de la Policía, Marina, Ejército o Fuerza Aérea. Incluso podría ser de cualquier militar o policia peruano o colombiano por haber luchado contra los terroristas de Sendero Luminoso y del MRTA o de las FARC y que actualmente este acusado por violaciones de DDHH. Sin embargo, no es de ninguno de ellos aunque seguramente piensan y sienten lo mismo. Las anteriores fueron las palabras durante el alegato del Almirante Massera en el juicio que se le siguió en Argentina, el cual falleció el 8 de noviembre del 2010 a los 85 años luego de perder su libertad el 31 de agosto del mismo años por decisión del tribunal argentino.