“Si se me diera la oportunidad de hacer un regalo a la siguiente generación, sería la capacidad de reírse cada cual de sí mismo.”
Charles M. Schulz
Dicen que en política mejor historiador que profeta y para los políticos eso es la dura realidad. Para los aprendices de brujo metidos en las ciencias sociales en cambio, el ejercicio de la profecía es una tentación casi ineludible a la que pocos pueden resistirse aunque sea como ya es sabido, un vano oficio.
Admitiéndome caído en las redes de este inofensivo vicio (porque algún vicio tengo que tener), iré a lo que me interesa y que son los escenarios probables tras la asunción al poder del electo presidente Ollanta Humala el 28 de Julio.
Tenemos 4 escenarios todos más o menos probables dados la condición de incertidumbre en que se nos presenta el futuro a partir del próximo 28 de Julio: a) El electo presidente Humala se embarca en un programa de reformas con énfasis en la inclusión social que nos convierte en un Estado de bienestar a la manera de Costa Rica. B) El electo presidente Humala es directamente confrontado por los grupos empresariales y la derecha política y opta por un reeditar un gobierno al estilo de Alejandro Toledo y Perú Posible, algo factible dada la convergencia que al parecer se ha alcanzado entre Gana Perú y Perú Posible, pero con un mayor énfasis en la redistribución y mayor flexibilidad política que lo distinga tanto del estilo de Toledo como el de Alan García. C) Ollanta Humala da un giro de 180º desde sus posiciones iníciales planteadas en su programa “La Gran Transformación” , le da una patada al ala más radical de sus colaboradores y al conglomerado de fuerzas sociales que le dio la victoria en primera vuelta y se convierte en la encarnación peruana de Milton Friedman como cree Álvaro Vargas Llosa. D) El electo presidente Ollanta Humala empieza un programa de acumulación del capital político necesario para dejar de lado las buenas intenciones de sus ocasionales aliados de la segunda vuelta en base a la aplicación de políticas sociales de corte asistencialista y aplica a rajatabla su programa inicial de “La Gran Transformación.”
Todos y cada uno de estos escenarios son posibles dada la incógnita de la variable Humala y cada uno tendría un correlato en lo que a este pequeño intento de futurología nos puede presentar. Considero no obstante que los escenarios posibles C y D son los más improbables quizás por exagerados. No obstante no los descarto y no los descarto por la sencilla razón de dejar el horizonte abierto para los hinchas más recalcitrantes y los detractores más acérrimos.
En términos generales, la gestión de Ollanta Humala hereda un escenario de alta conflictividad social que tiene que ser enfrentado con políticas que enfaticen tanto el reconocimiento como la redistribución, esto considerando un criterio pragmático y no ideológico ¿Sera un gobierno populista como reclaman los detractores? Depende, la solución a un problema tiene que ser mirada dentro de su contexto y desde la perspectiva de cada actor. Lo que para unos puede ser una medida justa y necesaria como Pensión 65 y la esperada universalización del sistema de salud, son medidas que pueden ser interpretadas como necesarias como instrumentos de reconocimiento de la ciudadanía o simplemente por razones humanitarias, pero que también pueden ser usadas como medio de crear una base clientelar con clara finalidad política.
La sola apuesta por una política claramente asistencialista bastaría para darle a Ollanta Humala mayores índices de popularidad y menos conflictividad de la cual tiene nuestro presidente saliente Alan García o de la que alcanzo su predecesor Alejandro Toledo. Es muy posible combinar políticas de incentivo al mercado y altos niveles de proteccionismo con asistencialismo social, no por gusto el Brasil de Lula donde aproximadamente el 57% de la población vive en una familia que percibe algún tipo de subvención directa por parte del gobierno. Sin embargo y contra lo que se puede argüir, el asistencialismo no es malo por si mismo, es una herramienta más que puede utilizarse políticamente para superar un problema puntual y siempre que se utilice en ese sentido es útil, es perverso y nocivo cuando se pretende perpetuar y usar para explotar la necesidad con fines políticos y de perpetuación de un régimen dado. No hay porque asustarse entonces a la primera impresión de asistencialismo estatal que veamos por ahí, aunque hay que permanecer vigilantes.
Un asunto puntual que no entienden y no entenderán los hinchas del humalismo y creo que tampoco los odiadores a morir del fujimorismo, es que con Chávez, Evo, Correa y Ortega andando por ahí, el beneficio de la duda que se le puede dar al proyecto humalista es bastante reducido y así lo entendió un 48% del electorado que está esperando señales claras del rumbo que tomara Ollanta Humala en su periodo presidencial y los horizontes de este. Que entre los valedores de Humala se encuentre un Nobel de Literatura, la verdad es que no nos dice nada a ese 48% que voto en contra de Humala, la intelectualidad no está libre de la posibilidad de equivocarse y no dispone del beneficio de la infabilidad papal (beneficio y potestad que solo se aplica a cuestiones teológicas).
Podrían encontrarse lo mismo el santo padre y el Dalai Lama y seguiríamos dudando. Hasta no ver no creer y en ese sentido hay dos horizontes bien claros, los primeros 100 días y los últimos dos años ¿Qué tan profundo será el cambio propuesto por Humala?, ¿En qué dirección ira?, ¿Pretende sacrificar el crecimiento en pro de la redistribución? La redistribución es necesaria y justa, sacrificar el crecimiento no es de ninguna manera aceptable. Hacer que el crecimiento sea sostenible y deje de lado el énfasis en el sector primario (cosa que de acuerdo a las investigaciones realizadas por Jaime De Althaus ya está sucediendo), es aun más importante si cabe.
Veamos ahora la distribución de fuerzas políticas en el horizonte post García. Demos por descontado que Perú Posible y los nacionalistas se establecerán en una suerte de convergencia al estilo del APRA y el Fujimorismo durante este periodo, el peruposibilismo es quizás junto a Solidaridad Nacional una de las fuerzas políticas más dispuestas a desaparecer atraídas por la gravedad del oficialismo, no sería nada raro que el APRA acabe sumando esfuerzos al nacionalismo o una sus fuerzas al fujimorismo o al PPC que probablemente no logre mantener por mucho tiempo la unidad de la bancada de Alianza por el Gran Cambio.
Tenemos tres perfiles claramente opositores o que deberían orientarse en ese sentido: el APRA que con Mauricio Mulder a la cabeza en el Congreso de la República, podría convertirse en la piedra en el zapato del nacionalismo si es que este opta por una política de persecución contra el aprismo. Mientras tanto, el esperado retorno de Alan García a las filas de su organización servirá para darle un nuevo impulso a las descoordinadas bases apristas y orientarlas de cara al proceso del 2016, el PPC que parece haber tomado conciencia como nunca antes de su condición de partido limeño céntrico y que realmente no tiene una gran capacidad organizativa que le permita ser una fuerza de oposición fuera del congreso y finalmente el fujimorismo que esta llamado dadas las circunstancias a ser la principal fuerza opositora junto al aprismo.
Los fujimoristas a pesar de su dispersión en varias agrupaciones, se comportan como una sola bancada, quizás la más disciplinada del congreso y es de esperar que se mantengan como un sólido bloque ahora que ya tienen una lideresa consolidada en Keiko Fujimori que demostró ser la gran sorpresa de esta campaña. Eso si Keiko Fujimori decide continuar su labor política tal cual indican las primeras señales dadas por los comandos fujimoristas durante este último fin de semana. Como quiera que la situación del fujimorismo, demanda una explicación más amplia, daré cuenta de ella en otro escrito (algún material me tengo que guardar para darle continuidad a mis post).
De la probable interacción entre las fuerzas políticas, la sociedad civil, los actores económicos y hasta el azar depende en buena medida el estado en que las fuerzas políticas de hoy puedan presentarse en 2016. Mi supuesto fundamental es que Ollanta Humala tiene todas las condiciones necesarias para alcanzar un elevado nivel de popularidad independientemente del éxito de su mandato a largo plazo. El clientelismo ayuda mucho en eso y más cuando se tienen a la mano dos factores clave: recursos y oportunidad. El próximo gobierno tiene necesidad de cerrar brechas sociales que agudizan nuestra conflictividad social y por ende tiene la oportunidad necesaria para crear la base clientelar, añádase a eso la existencia de recursos y el plato está servido.
Algo a tener en cuenta con Ollanta Humala ya en el ejercicio de sus funciones, será la camisa de fuerza de los compromisos contradictorios en los que se ha metido, por una lado tiene a su núcleo duro, ese tercio de la población electoral que pide cambio a gritos y ese 20% que se le unió en la segunda vuelta y cuyo voto al menos de manera considerable estuvo orientado por el ansia de detener a la candidata rival y lo que esta representa para ellos. Me atrevo a decir que pase lo que pase y vaya en la dirección que vaya, al final de su presidencia algún sector de todos los que apoyaron a Humala, antes o después de la primera vuelta, acabaran sintiéndose traicionados. Por supuesto ello no es óbice para que al final de su gestión, Ollanta Humala pueda resultar beneficiado como es su deseo con elevados niveles de popularidad , el hoy denostado Alberto Fujimori en su momento alcanzo notorios niveles de aceptación pública hasta hoy, no igualados por los regímenes que le sucedieron.
¿En cual de todos los escenarios posibles se instalara el gobierno de Ollanta Humala? En principio es lógico pensar que necesariamente el gobierno humalista tendrá que aceptar las necesarias concesiones a su coalición original, el escenario de alta conflictividad social en que nos encontramos, nos lleva a pensar en ello. La experiencia de Perú Posible que trato dentro de la debilidad de su liderazgo de llevar a cabo un gobierno responsable, nos ilustra de lo poco deseable que puede resultar para los populistas un horizonte donde la popularidad brille por su ausencia, un peligro muy elevado cuando se inicia con una cifra de aceptación de superior a los dos tercios y más si tenemos una ciudadanía tan volátil como la nuestra.
El factor que será decisivo en la orientación del gobierno de los nacionalistas será la coalición política con la que logren gobernar y la solides de la misma, en ese sentido sería saludable y enteramente democrático que Perú Posible y sus coaligados definieran de una vez si ingresan o no ingresan abiertamente en una alianza de gobierno con Gana Perú y dejan de lado lo que parece un juego de biombos chinos dedicado a ocultar lo que tiene toda la impresión de un legitimo cogobierno con mucho mayor nivel de compromiso que la tacita alianza establecida entre apristas y fujimoristas durante la actual administración.
Perú Posible y su líder Alejandro Toledo están en condiciones de limitar las corrientes más radicales que rodean a Ollanta Humala y Gana Perú e integrarlo en un proyecto decididamente modernizador. No espero ver aquí a Milton Friedman redivivo en la estampa de Ollanta Humala y su proyecto nacionalista, pero me sorprendería gratamente ver a Anthony Giddens enrumbando en estas tierras, un proyecto que el toledismo no logro encarnar del todo dado el escaso margen que le dio el erario público del periodo 2001-2006 y cuyo horizonte podría hoy emprender direccionando a la nueva administración nacionalista.
En términos generales sostengo que hay razones para ser optimista en relación al desempeño de la nueva administración. Aun no han pasado los primeros 100 días de su gestión, al momento de escribir estas líneas ni siquiera han comenzado a ejercer sus funciones y el momento para el tremendismo, es decir el de la campaña ya ha terminado.
Nos leemos.
Iván Budinich
ivanbudinich@yahoo.com
Iván Budinich
ivanbudinich@yahoo.com






