La última encuesta
de Datum publicada por el oficialista Diario16 nos habla un momento auspicioso
en la aprobación presidencial con un nada desdeñable 70% de la población a
favor de la administración de turno en la etapa de su primer bimestre de
gobierno.
En mi modesta opinión el analista político,
José Alejandro Godoy, acierta de cabo a rabo al asociar esta aprobación al
lacónico del nuevo gobernante y a los claros aciertos en la conformación del
equipo de gobierno destacando entre ellos las figuras de Abugattas como
presidente del Congreso y Lerner como presidente del consejo de ministros.
Quien lo diría,
vamos rumbo a los primeros 60 días de gobierno de Ollanta Humala y el Perú
todavía no se ha venido abajo. No hay cambio de sistema a la vista y para colmo
de sorpresas, esperamos con relativa calma el probable recrudecimiento de la
crisis económica internacional. No es que seamos un bunker de prosperidad en el
desborde global, pero todo indica que podremos defendernos gracias precisamente
al tan denostado modelo económico.
En toda esta
historia, el silencio del presidente Humala resulta paradójicamente prometedor,
no incurre en la verborrea analista, ni tampoco en los deslices a los que nos
tenía acostumbrados el expresidente Toledo a cada cual más disparatado como
cuando menciono que ser presidente era “papayita” y menos en el divorcio
mediático que acompaña a la actual alcaldesa limeña Susana Villaran que parece
tener un desencuentro de raíz con una declaración medianamente entendible para
los oídos limeños.
En su estrategia
silente, el actual ocupante de la casa de Pizarro, logra desactivar muchas de
las expectativas acumuladas por su propio equipo de campaña proyectando en el proceso, la imagen necesaria del presidente
chambeador que el peruano promedio desea en palacio de gobierno, esta
estrategia ya le fue útil a alguien tan torpe mediáticamente hablando como
Castañeda y ciertamente prestigio la transición paniaguista con la imagen de un
ejecutivo que para ser eficiente no tiene necesidad de ser omnipresente.
La estrategia
del silencio ha conseguido además un objetivo adicional que quizás el presidente o
sus asesores ya tenían en sus cálculos al formularla, ha conseguido adormecer
muchos de los peores temores respecto a la tentación autoritaria en el gobierno
nacionalista, ciertamente no se conocen muchos casos de caudillos autoritarios silenciosos o de perfil bajo, el presidente Ollanta Humala está dando pues al
menos en su primer bimestre de funciones muestra de apego a la funcionalidad
del sistema democrático en mucha mayor medida que expresidentes como Toledo y García
tan enamorados de sus propias imágenes.
No todo es perfecto
claro esta y el caso Soberon por ejemplo es una muestra de ello. Incluso como
Aldo Mariategui, ha hecho bien en señalar, para muchos (no me incluyo) la
iniciativa de trasladar el pleno del congreso podría ocultar un intento
soterrado de desprestigiar aún más este cuestionado poder del Estado en el
mediano plazo, pero eso es ya entrar en
el ámbito de las teorías conspirativas que pueden ser buen material para la
cinematografía peruana cuando se anime de lleno a entrar al ámbito comercial,
pero que para nosotros de momento al menos, no son más que alimento de nuestras
paranoias cotidianas.
Sin embargo y a
pesar de los buenos augurios, es importante no olvidarlo: “La paranoia es
buena”.
Iván Budinich
ivanbudinich@yahoo.com
Iván Budinich
ivanbudinich@yahoo.com
