viernes, 21 de octubre de 2011

Una esperanza en vísperas de la traición: La toledización temprana del humalismo


Es una costumbre muy peruana el pretender matar al mensajero cuando nos disgusta el mensaje.  Hace algunos días tomando un café con un muy querido amigo integrante de las juventudes de un partido político, este me mencionaba que la culpa de todos los escándalos en el congreso y nuestra clase política se originaba en la prensa por darle una visibilización “excesiva” a los traspiés de la clase política.

Tengo muchos amigos metidos en partidos políticos y puedo dar fe que esa es una opinión cuasi generalizada entre los partidos políticos del orden y que se vuelve extensible a los antisistémicos, en cuanto pasan a engrosar las filas del orden, se olvidan del sacrosanto compromiso con la libertad de expresión. Últimamente veo muchos de esos por cierto.

Mi abuelo me dijo una vez: “Si tienes un vecino que anda tirando piedras, no construyas tu techo de vidrio.” Algo así le está pasando al partido nacionalista y le suele pasar a todos los demás. Las cúpulas de los partidos políticos nuestros cometen periódicamente la imprudencia de desconocer a quien llevan en sus listas electorales y luego, cuando salta la liebre le cargan toda la culpa a sus rivales y a la prensa.

Si este fuera un gobierno del centro a la derecha y el vicepresidente estuviera involucrado en la mera presunción de turbios manejos, ya toda la izquierda le habría saltado a la yugular con toda la derecha de por fuera del gobierno aplaudiendo el espectáculo como quien no quiere la cosa. La República, La Primera y estarían disparando todas sus baterías contra el naufrago vicepresidente y la CGTP, los nacionalistas y quizás hasta el APRA con Alan a la cabeza saldrían a las calles en inacabables marchas. La izquierda en el poder ahora, protesta contra el complot de la derecha recalcitrante, cuando sabe bien que esto es parte del juego político y lo que es peor, ellos son los principales artífices de sus cuestionamientos.

El gobierno marcha en rápido camino hacia la toledización entendida esta como un divorcio entre las expectativas generadas entre sus electores acerca de una nueva forma de hacer política y la realidad de su acción concreta como gobierno. Aquí sin embargo debemos hacer un reconocimiento al presidente Ollanta Humala que en su corto tiempo como gobernante, no ha demostrado la minúscula talla de estadista que demostró el expresidente Alejandro Toledo desde las primeras semanas de su gobierno.

Podemos discrepar con algunas medidas como el acercamiento a un régimen agotado y nefasto como el cubano, pero tratándose de una administración de izquierda, es algo que cabe dentro de lo posible, pero Ollanta Humala como presidente hasta el momento no es tan malo como parecía, habrá que seguir el consejo de la oposición venezolana y no bajar la guardia, hasta pasados los dos primeros años de su mandato.  Sin embargo, no podemos decir lo mismo de sus acompañantes en el poder que desde ya se muestran muy cercanos a la ineptitud y al autismo político como en el caso de la ministra Aida Garcia Naranjo o proclives a reuniones  sospechosas como el moralizador Chehade.

El gobierno se enrumba así directamente a traicionar las esperanzas que origino en sus seguidores, la honestidad al parecer no está llamada a marcar la diferencia en este gobierno que empieza con serias dificultades para controlar a sus partidistas que en abierta demostración de sus intereses estomacales, ya empiezan a pelearse en si por el acceso a algunos puestos de trabajo en el sector estatal. Más de la misma viejas historia de repartija y clientelismo en nuestra patria por parte de políticos angurrientos y sus seguidores ¿Era esta la gran transformación de la que presumía el humalismo?

Tengo la impresión permanente que al final del gobierno humalista, muchos se van  a sentir traicionados, sea el tercio inicial que lo catapulto a la segunda vuelta o sean los demócratas que culposa o entusiastamente le dieron su voto.  Ese es el principal problema de cuando se recurre a inflar las expectativas para ganarse al electorado,  como ya lo vivió anteriormente Alejandro Toledo. 

Sin embargo, si la cacareada honestidad queda como olvidado más en el camino, todos nos sentiremos traicionados, incluso quienes no votamos y bajo ningún concepto votaríamos por la opción nacionalista.  No por ellos con quienes poca o ninguna simpatía tenemos, sino por la totalidad de la clase política peruana, una vez más…

Iván Budinich
ivanbudinich@yahoo.com

jueves, 6 de octubre de 2011

Sobre hinchas, complotadores , ineptos y la reforma del Estado


Estallo el enésimo escándalo del PRONAA en Cajamarca y como es lógico suponer, la oposición de turno pide la cabeza del ministro a cargo, el gobierno trata de esquivar el golpe, se hace el sordo y le brinda todas las garantías del caso al ministro cuestionado. No se porque razón, pero tengo la impresión de estar  viendo la repetición de una vieja, muy, nuy vieja película, la diferencia pueden ser los  actores, pero el guion es el mismo.

¿O casi? En esta ocasión las ong´s de derechos humanos que en otro régimen protestarían amargamente y se unirían al pedido de la cabeza del ministro de turno, se mantiene en un incomodo coro de silencio.  En medio de la tragedia la ministra de la mujer, Aída García Naranjo, bailaba reggaetón con el “Puma” Carranza y pretende achacar las culpas sobre los afectados a los pocos días y sin investigación previa que la sustente, mientras tanto las ong´s de derechos humanos guardan clamoroso silencio ¿Sera que la ministra es uno de los suyos?

Martha Meier Miroquesada ha escrito: “Si la ministra de la Mujer fuera, por ejemplo, una fujimorista como Luisa María Cuculiza o una aprista histórica como Meche Cabanillas, ya estaría en marcha una operación coordinada desde las ONG, solventada con dinero extranjero, para triturar mediáticamente a través de diversos voceros a la ministra. Por las calles andarían jóvenes ilusos portando cartelones y gritando con ligereza “a-s-e-s-i-n-a”, mientras esa particular especie de peruanos llamada “los abajo firmantes” (nótese que siempre son las mismas ‘personalidades’) circularía por calles, plazuelas, y por todos los medios, algún pronunciamiento culpando al Estado, al sistema, al presidente, al libre mercado, a lo que sea, y exigiendo con indignación que rueden las cabezas. Todas las cabezas.”  (1)


Yo me pregunto ¿Dónde están ahora nuestros censores de la moral, los dueños de la decencia en el Perú? Pues haciéndose los de la vista gorda, pero no donde debieran estar, no donde deberían estar si su compromiso con la democracia y los derechos humanos fuera sincero y no tamizado por el barniz ideológico.
Los ayayeros y los hinchas del régimen de turno que seguramente en los próximos meses seguirán el camino al empleo público propuesto por el flamante procurador en delitos de corrupción, la han emprendido contra los denunciantes tildándoles de fujimoristas y apristas y reclamándoles sus silencios (ciertos, inciertos o inventados) durante los pasados regímenes como para intentar distraernos de su mudez frente a lo que bajo cualquier otro gobernante denunciarían febrilmente, pero que bajo la administración de sus amores, silencian con obediencia de sargento y fe de sacristán.

Algunos audaces, pésimos imitadores de Mario Puzzo y Dan Brown, ávidos de hacer meritos con sus patrones, hasta ensayan la “original” teoría de un complot aprofujimorista con el objetivo de tumbarse a la ministra  y desestabilizar al régimen. Utilizan el precedente de los muertos en el Banco de la Nación durante la marcha de los cuatro suyos para convalidar su brillante hipótesis y el hecho de que el aparato del PRONAA todavía mantiene en sus filas a los trabajadores apristas contratados hasta diciembre por la pasada administración García.

Error de apreciación sin embargo, Don Vladimiro no esta suelto en plaza como para andar complotando por ahí y no cuenta con razones validas para orquestar maquinación alguna y menos un aparato que lo permita, por otro lado ni el APRA ni el Fujimorismo están tampoco en condiciones de meterse a una conjura de tal calibre que colindaría ya con un acto de terrorismo. 

La hipótesis queda en peor lugar si pensamos en los funcionarios apristas que ya bastantes problemas tienen tan cerca ya el fin de su paso por la mamadera estatal tan maliciosamente prorrogado por AGP, es tan obvio que no pueden permitirse el andar pensando en conspiraciones ni en envenenamientos en esas circunstancias, además que tanto apristas como fujimoristas son partidos legales con arreglo a las normas democráticas y no organizaciones semiterroristas como los teóricos del complot nos quisieran hacer creer.

Dejando de lado la insensibilidad de la ministra, la necedad del régimen en no reconocer la tremenda patinada ministerial y el oportunismo característico de toda oposición que se precie para capitalizar el mínimo error o traspiés del gobierno de turno; el problema que aqueja al PRONAA es mucho más profundo de lo que parece a primera vista y no se trata de un enfrentamiento entre los puros y los impuros como facilistamente quieren reducirlo gobierno y oposición para llevarlo hacia sus molinos, el problema tiene que ver con el cómo se atiende 
desde la estructura del Estado a los más desposeídos de los ciudadanos.

Aceptemos que los funcionarios apristas que todavía quedan en el aparato del PRONAA estén haciendo el trabajo de la manera más ineficiente posible a la par que las novatas autoridades gubernamentales que se van incorporando a la estructura del PRONAA ¿Es la primera vez que sucede un incidente como el de Cajamarca, es la primera vez que se encuentran alimentos en mal estado en los almacenes del Estado?, ¿Es la primera vez que las autoridades pretenden acallar a los afectados por su incapacidad o en última instancia culparlos? Para nada, es un episodio más de una historia construida a golpe de exclusión y clientelismo donde el aparato estatal es visto como el preciado botín para pagar el apoyo de los partidarios del poder de turno.

Sin reforma estatal, la misma que no hizo García que prefirió quedarse estático cual Buda viviente contemplando las cifras del crecimiento, las desventuras del PRONAA y similares seguirán repitiéndose per saecula seculorum sin solución de continuidad ¿Tendra la administración Humala los pantalones de emprender esa senda? Pues la terquedad de mantener en su sitio a una ministra que a todas luces cometió un error garrafal de naturaleza política, primero al bailar alegremente en medio de la tragedia y luego al achacarle la culpa a los afectados sin investigación previa, no presagia nada bueno de la permeabilidad del gobierno frente a la crítica. Como tampoco lo presagia, la capacidad de desinformación demostrada por su hinchada extraoficial.

Como sea que estamos ante los primeros meses de gobierno del partido nacionalista y Ollanta Humala, hay mucho espacio para ser optimista con respecto a las intenciones del gobierno, como siempre es cuestión de esperar y de paso, orar para la eminente crisis internacional no pegue tan fuerte en nuestro crecimiento económico y social.

Esperemos con optimismo entonces.


Iván Budinich
ivanbudinich@yahoo.com

Imagenes: RPP, ANDINA

(
1    Nota: 
           (1)  El subrayado y las cursivas son propios.