Es una costumbre muy
peruana el pretender matar al mensajero cuando nos disgusta el mensaje. Hace algunos días tomando un café con un muy
querido amigo integrante de las juventudes de un partido político, este me
mencionaba que la culpa de todos los escándalos en el congreso y nuestra clase
política se originaba en la prensa por darle una visibilización “excesiva” a
los traspiés de la clase política.
Tengo muchos amigos
metidos en partidos políticos y puedo dar fe que esa es una opinión cuasi
generalizada entre los partidos políticos del orden y que se vuelve extensible
a los antisistémicos, en cuanto pasan a engrosar las filas del orden, se
olvidan del sacrosanto compromiso con la libertad de expresión. Últimamente veo
muchos de esos por cierto.
Mi abuelo me dijo
una vez: “Si tienes un vecino que anda tirando piedras, no construyas tu techo
de vidrio.” Algo así le está pasando al partido nacionalista y le suele pasar a todos los demás. Las cúpulas de
los partidos políticos nuestros cometen periódicamente la imprudencia de
desconocer a quien llevan en sus listas electorales y luego, cuando salta la
liebre le cargan toda la culpa a sus rivales y a la prensa.
Si este fuera un
gobierno del centro a la derecha y el vicepresidente estuviera involucrado en
la mera presunción de turbios manejos, ya toda la izquierda le habría saltado a
la yugular con toda la derecha de por fuera del gobierno aplaudiendo el
espectáculo como quien no quiere la cosa. La República, La Primera y estarían
disparando todas sus baterías contra el naufrago vicepresidente y la CGTP, los
nacionalistas y quizás hasta el APRA con Alan a la cabeza saldrían a las calles
en inacabables marchas. La izquierda en el poder ahora, protesta contra el
complot de la derecha recalcitrante, cuando sabe bien que esto es parte del
juego político y lo que es peor, ellos son los principales artífices de sus
cuestionamientos.
El gobierno marcha
en rápido camino hacia la toledización entendida esta como un divorcio entre
las expectativas generadas entre sus electores acerca de una nueva forma de
hacer política y la realidad de su acción concreta como gobierno. Aquí sin
embargo debemos hacer un reconocimiento al presidente Ollanta Humala que en su
corto tiempo como gobernante, no ha demostrado la minúscula talla de estadista
que demostró el expresidente Alejandro Toledo desde las primeras semanas de su
gobierno.
Podemos discrepar
con algunas medidas como el acercamiento a un régimen agotado y nefasto como el
cubano, pero tratándose de una administración de izquierda, es algo que cabe
dentro de lo posible, pero Ollanta Humala como presidente hasta el momento no
es tan malo como parecía, habrá que seguir el consejo de la oposición
venezolana y no bajar la guardia, hasta pasados los dos primeros años de su
mandato. Sin embargo, no podemos decir
lo mismo de sus acompañantes en el poder que desde ya se muestran muy cercanos
a la ineptitud y al autismo político como en el caso de la ministra Aida Garcia Naranjo o proclives a reuniones
sospechosas como el moralizador Chehade.
El gobierno se
enrumba así directamente a traicionar las esperanzas que origino en sus
seguidores, la honestidad al parecer no está llamada a marcar la diferencia en
este gobierno que empieza con serias dificultades para controlar a sus
partidistas que en abierta demostración de sus intereses estomacales, ya
empiezan a pelearse en si por el acceso a algunos puestos de trabajo en el
sector estatal. Más de la misma viejas historia de repartija y clientelismo en
nuestra patria por parte de políticos angurrientos y sus seguidores ¿Era esta
la gran transformación de la que presumía el humalismo?
Tengo la impresión permanente
que al final del gobierno humalista, muchos se van a sentir traicionados, sea el tercio inicial
que lo catapulto a la segunda vuelta o sean los demócratas que culposa o
entusiastamente le dieron su voto. Ese
es el principal problema de cuando se recurre a inflar las expectativas para
ganarse al electorado, como ya lo vivió anteriormente Alejandro Toledo.
Sin embargo, si
la cacareada honestidad queda como olvidado más en el camino, todos nos
sentiremos traicionados, incluso quienes no votamos y bajo ningún concepto votaríamos
por la opción nacionalista. No por ellos
con quienes poca o ninguna simpatía tenemos, sino por la totalidad de la clase política
peruana, una vez más…
Iván Budinich
ivanbudinich@yahoo.com
Iván Budinich
ivanbudinich@yahoo.com

