El debate de las últimas
semanas sobre las posibilidades en torno a las condiciones que hacen que el
fujimorismo sea la fuerza con mayores posibilidades de consolidarse como un
partido político solido de las surgidas de la transición post el régimen
fujimorista, puede ser calificado sin temor a equivocarse de intenso e
interesante.
Particularmente grata ha resultado la postura del politólogo Steven Levitsky para quien el analista político es un
observador imparcial de la realidad que lo rodea a contracorriente de lo que
usualmente suele suceder entre nosotros; acostumbrados desde mucho tiempo atrás
a que los analistas políticos sean una pieza más del aparato de campaña de los
candidatos de su preferencia. Este retorno al concepto weberiano de la
neutralidad valorativa, es un buen aire que esperemos pueda refrescar la mirada
de los politólogos nacionales.
Retomando el tema. Y haciendo propio el análisis sobre las supuestas
fortalezas del fujimorismo para consolidarse como partido político. La pregunta
de rigor que me quiero plantear es ¿Qué fuerza política está en posición de
enfrentarse en igualdad de condiciones frente a un consolidado fujimorismo y capitalizar en sentimiento antifujimorista bajo sus banderas?
Para contestar esta pregunta me remitiré a lo que yo llamo el “ANTI” un sentido común extremadamente
poderoso en nuestra sociedad y que a mi modo de ver, constituye una faceta cultural digna de un
riguroso estudio. Existió un anticacerismo (faceta del antimilitarismo)
encausado en su momento por los movimientos civilista y pierolista, el
anticivilismo dio vida a Leguía paradójicamente surgido de sus propias filas;
en épocas de nuestros padres y abuelos, el antiaprismo ha sido el “anti” por
excelencia. Las generaciones más recientes tal vez recordaran el poderoso
“anti” que se armo en contra del liberalismo del FREDEMO.
El asombroso resultado de la campaña por el NO a la estatización de la
banca, que durante el primer alanismo, dio vida e impulso al movimiento LIBERTAD y al FREDEMO, también
podría incluirse dentro de esta pasión nacional por el “anti” que mueve nuestas
ansias electorales.
Un núcleo duro aunque minoritario de la población es estrictamente anti
izquierda o antiderechas sea cual sea el motivo de la elección. Aunque por
supuesto, nada hay mejor para desactivar las posibilidades electorales de un
candidato que situarlo como el candidato de los ricos. Nuestros duchos
políticos lo saben bien y por eso todo político que pretenda conservar un
mínimo de expectativas presidenciales, se cuida muy bien de ocultar la más
remota inclinación a la diestra en su discurso.
La más de las veces el “ANTI” como arma de campaña, no vende mucho,
puede servir una primera o hasta una segunda vez, en el caso de un adversario
particularmente torpe; como suelen serlo los candidatos de la derecha soft y sospecho
que podría ser también en el caso de la
versión más dura del fujimorismo, pero por lo general con una moderada política de apertura hacia
el centro este fantasma puede ser conjurado como lo han demostrado los casos de Fernando Belaunde, Alan García y más recientemente Ollanta Humala.
En estos tres casos mencionados del primer Belaunde, el primer García y
Ollanta Humala podemos hallar como común denominador el abrirse desde las
posiciones que inicialmente los sindicaban como radicales a una percepción
centrista. Particularmente interesante es el caso de García quien supo
aprovechar una coyuntura en que la Izquierda Unida (IU) arrinconaba hacia la
derecha del espectro político a la gobernante Accion Popular de Fernando
Belaunde, para colarse por el centro y ampliar así el mítico tercio histórico
del APRA con lo cual logro una holgada victoria en la primera vuelta electoral
de 1985.
Garcia empleo similar estrategia en las elecciones del 2006 cuando logro mermar las posibilidades de Lourdes Flores Nano, la candidata de la alianza UNIDAD NACIONAL de ingresar a la segunda vuelta electoral al motejarla como la candidata de los ricos y ubicarse como la opcion centrista frente a la radicalidad del entonces candidato Ollanta Humala.
Volvamos a nuestro objetivo inicial ¿Quién organización está mejor
preparada para encarnar el antifujimorismo? El problema del “ANTI” es que no
sirve para ganar una elección. El “anti” puede servir para impedir que el
adversario triunfe, pero no para obtener la victoria. Por eso el terror de la oligarquía ante las
masas apristas. No fue sino hasta que el Arq. Fernando Belaunde supo encarnar
una propuesta distinta y recoger los anhelos cambiantes de una sociedad que ya
no era la misma que la de los años aurorales del aprismo, que existió una
organización en capacidad de hacerle frente de igual a igual a la del APRA. Y
por mucho que el aprismo motejara a Acción Popular de no ser más que una
“Federación de Independientes”, la lampa supo vencer a la estrella en elecciones
libres y competitivas y perdurar mucho más que la miríada de organizaciones que
aparecieron en las décadas posteriores.
Queda claro entonces que para ser políticamente efectivo, el “Anti”
entonces tiene que transformarse o esperar un momento transformador para pasar
de un sentimiento y un movimiento parasitario a una propuesta que supere aquello que rechaza.
¿Qué organización está en condiciones en la actualidad de superar esta
fase y presentarse como una etapa superior del proceso político? Descarto de
antemano que sea el nacionalismo humalista por la sencilla razón que su unidad
con el antifujimorismo parece ser meramente episódica y funcional. Ni que decir
del aprismo, aunque parece obvio que la
recuperación del caudal electoral del APRA pasa por una confrontación directa
con los de la camiseta naranja.
La política peruana es particularmente antropomórfica, razón por la cual
el liberalismo peruano no está en condiciones de capitalizar adecuadamente el
sentir antifujimorista. No se otea en el horizonte el representante de este
segmento. Por otro lado fuera del
segmento vargasllosiano ¿Qué tan antifujimoristas pueden ser los liberales
peruanos? Tengo la ligera impresión que en todo caso , podrían ser mucho más
pesados los anticuerpos hacia los liberales de cierto sector del fujimorismo
que los anticuerpos de los propios liberales hacia el fujimorismo.
Antifujimorista en esencia, la izquierda tiene las credenciales necesarias para capitalizar un importante
segmento del antifujimorismo y convertirlo en propuesta. Particularmente la
izquierda caviar. Para ello tendrá que sobrevivir esta ultima la prueba de
fuego de la municipalidad de Lima y demostrar en las urnas que su llegada al
municipio fue por algo más que por el impulso de algún conductor televisivo
fuera de sus cabales ¿Podrá? La izquierda de toda la vida por su lado, anda en
la busca del enésimo proyecto de refundación de la “nueva izquierda” su agenda
programática que se demostró plenamente con “La Gran Transformación” resulta
descartable, de ahí que cualquier intento de capitalización de un fenómeno tan
complejo como el antifujimorismo resulte poco menos que coyuntural. Como
coyuntural resultan sus intentos de unidad.
¿Quién nos queda? Junto a la izquierda moderada o caviar (para los
amigos) la otra fuerza con mayores posibilidades en el horizonte inmediato de
capitalizar el antifujimorismo es el toledismo. Este cuenta con organización a
nivel nacional (aunque endeble), un posicionamiento orientado hacia el centro
del espectro político y un líder que lo encabeza. Cierto que ha perdido
posiciones luego de su asombrosa derrota durante la última elección, pero esta más o menos dentro
de la tendencia histórica que señala que un presidente no regresa al poder,
hasta pasada al menos una década de su anterior mandato.
Demás esta decir que el peruposibilismo si tiene las credenciales necesarias para hacer frente al fujimorismo y la necesidad urgente dada la endeblez de sus contenidos programáticos. La sobrevivencia misma de Perú Posible esta ligada a la posibilidad de capitalizar el movimiento antifujimorista como lo estuvo la emergencia de su líder durante las elecciones generales del año 2000. Si el peruposibilismo lo logra encauzar el movimiento antifujimorista, habrá consolidado su existencia. En caso contrario sera un movimiento más de los muchos en nuestra historia, una mera franquicia electoral incapaz de sobrevivir al horizonte de vida de su principal líder.
Demás esta decir que el peruposibilismo si tiene las credenciales necesarias para hacer frente al fujimorismo y la necesidad urgente dada la endeblez de sus contenidos programáticos. La sobrevivencia misma de Perú Posible esta ligada a la posibilidad de capitalizar el movimiento antifujimorista como lo estuvo la emergencia de su líder durante las elecciones generales del año 2000. Si el peruposibilismo lo logra encauzar el movimiento antifujimorista, habrá consolidado su existencia. En caso contrario sera un movimiento más de los muchos en nuestra historia, una mera franquicia electoral incapaz de sobrevivir al horizonte de vida de su principal líder.
Si de algo no cabe la menor duda es que el nacionalismo a pesar de
las confluencias que pudieran presentarse con el fujimorismo en su faceta de
gobierno, tratara de repetir la receta de apelar al antifujimorismo en una eventual campaña. El
éxito de esta estrategia para el nacionalismo, estriba en el éxito de su actual
administración y si esta le produce los réditos necesarios para tentar el favor
popular en el próximo proceso electoral del todavía muy lejano 2016.
Para que el antifujimorismo tenga viabilidad es necesaria la consolidación del fujimorismo¿Podrá el fujimorismo consolidarse como una fuerza política
verdaderamente solida como es el supuesto implícito en estas líneas? Pocas
organizaciones por no decir ninguna han tenido condiciones más favorables en
todo el periodo que va desde los 80´s a la fecha, empezando por poderosos adversarios dispuestos a cerrarles el paso ¿Estarán a la altura del reto?
Iván Budinich


