![]() |
| Imagen: Andina |
Ivan Budinich
El presidente Ollanta Humala empezó con buen pie en su intención de gobernar en el estilo silente inaugurado por Valentín Paniagua durante la transición post fujimorista y que tanta popularidad le diera al exalcalde limeño, Luis Castañeda Lossio. Realmente la ciudadanía hasta ahora ha demostrado que sabe apreciar a unas autoridades que no se sienten enamorados del sonido de su propia voz y se dedican a las labores propias de su cargo.
El presidente Ollanta Humala empezó con buen pie en su intención de gobernar en el estilo silente inaugurado por Valentín Paniagua durante la transición post fujimorista y que tanta popularidad le diera al exalcalde limeño, Luis Castañeda Lossio. Realmente la ciudadanía hasta ahora ha demostrado que sabe apreciar a unas autoridades que no se sienten enamorados del sonido de su propia voz y se dedican a las labores propias de su cargo.
Apoyado
por el acierto de asumir una postura pragmática en sus primeros meses de
gestión y alejarse de sus planteamientos más radicales, la figura presidencial
ha logrado atraerse incluso a sus más acérrimos detractores de la primera y
segunda vuelta, luego de ver aliviados que Humala no era quien creíamos que era (por
lo menos hasta el momento). Lamentablemente
para el presidente de la república, su intento de construir una imagen de
silenciosa eficacia ha encallado frente a la realidad de su impresentable
familia paterna y su marketera esposa.
La
familia le puede pasar una factura muy alta al presidente Humala, en especial
su hermano Antauro. Aquí no vale la comparación entre el trato dado a Alberto
Fujimori, un expresidente de la república, figura simbólica de una importante
fuerza opositora y un venerable anciano con
un golpista fracasado con las manos tintas en sangre como Antauro Humala.
El
problema de Ollanta Humala es que el asunto “menudo” se puede ir convirtiendo
en un tema de importancia nacional que termine afectando su popularidad tal y
como paso con Alejandro Toledo y el caso Zarai. A decir verdad, la familia del
expresidente Toledo, pudo parecer molestosa y presupuestivora, pero no existe
entre ellos, un individuo medio loco con ínfulas de gobernar el país desde su
cómoda celda cinco estrellas tal y como ocurre con Antauro Humala y tampoco ha
tenido el expresidente, Toledo, un padre con ínfulas de ideólogo del nazismo
andino como lo es, Isaac Humala, el padre de nuestro actual mandatario..
Mientras
el presidente guarda un imprudente silencio, es su esposa Nadine Heredia la que
sale en calidad de portavoz oficial del gobierno asumiendo una labor que no le
corresponde ¿Alguno recuerda haberla elegido? Y agravando en el camino la
sensación de desgobierno producida gracias a los destapes sobre el hermanísimo
Antauro.
![]() |
| El Comercio |
Entonces
tenemos un presidente que da la impresión de ser mangoneado por su hermano y
por su propia esposa; una imagen que empieza a pesar ante la comunidad
internacional y que ante la opinión publica de un país tan machista como lo es
el Perú, puede socavar seriamente la popularidad presidencial.
Ciertamente
con lo amañadas que andan las encuestas, con una popularidad inicial tan alta y
con márgenes de error dudosos; todavía es demasiado temprano para que el
presidente Humala se preocupe por las encuestas, pero no vaya a ser que la
sorpresa por el momentáneo viento a favor se convierta en soberbia y el
presidente se comience a alejar del sentir de la calle y lo que es peor, que
termine como un mandatario débil y manejable situado en un entorno cortesano
donde su esposa es quien ejerce el poder real junto a otros miembros de su
familia.
Si el
presidente Humala no quiere terminar su luna de miel con la ciudadanía,
caricaturizado como el primer saco largo de la nación y un hombre manejable
tanto por sus allegados como por sus familiares, tiene que hablar. Aunque le duela
la mandíbula, tiene que hablar.


