Dice un
dicho que es mejor quedarse callado y dejar que los demás duden de nuestra
estupidez que hablar y darla por comprobada. Algo parecido le ha ocurrido al
actual presidente del Congreso, Daniel Abugattas, no es que sea estúpido. Pero
si teníamos dudas sobre su capacidad para ejercer un cargo de responsabilidad
dado su carácter irascible y cierta tendencia a tratar de imponer su voluntad;
ahora tenemos pruebas contundentes de aquello.
Nadie
duda del compromiso político del Congresista Abugattas con el proyecto
nacionalista. El mismo se ha encargado de ratificar su compromiso con las bases
partidarias, procurando ubicar a sus correligionarios en el sector público; las
más de las veces sin tomar en cuenta si las cualificaciones profesionales son o
no las adecuadas para el cargo
requerido.
Lamentablemente
para el congresista, lo bueno para su partido, no es necesariamente bueno para
el Perú y si implica un manejo de corte patrimonialista y clientelista de los
recursos del Estado por su organización. El resultado de esa gracia entre otras
muchas que hacen patente su falta de tino político, es que para la opinión pública,
al congresista, Daniel Abugattas, le ha queda grande la presidencia del
Congreso de la República, es obvio que no puede pretender la investidura de
Primer Ministro. Si alguna vez soñó con ella o quizás el presidente Humala,
imagino que podía contar con él para apoyarlo con esa responsabilidad, es claro
que debiera descartar de antemano esa carta.
Sería
el colmo de la incongruencia que el sector que se opone a Oscar Valdés por “autoritario”
sea precisamente el interesado en sostener la alternativa de Daniel Abugattas
como Primer Ministro, un cambio que por demás solo seria mocos por babas dado
el ultra demostrado sesgo autoritario del congresista, cuyo talente es
claramente mucho menos conciliador que el propio Valdés, cuyo mayor pecado
hasta el momento es mostrar cierta simpatía fujimoreana, frente a la confesa simpatía
de Abugattas por el régimen dictatorial cubano del que en palabras de este
travieso Daniel: “El Perú tiene mucho que aprender”.
Un gobierno
que inicio con destapes como los del hermanísimo Alexis y al que se le vienen
en agenda temas como el Proyecto Conga con todo lo que implica su éxito o su
fracaso para el proyecto de la pareja cogobernante, los sospechosos privilegios
del otro hermanísimo, la posible llegada a nuestras costas de la crisis
internacional y que se halla sostenido
sobre una institucionalidad tan frágil como la del partido nacionalista, lo último
que necesita es un Primer ministro tan proclive a ser el mismo un generador de problemas
como Daniel “el travieso” Abugattas.
Si
alguien se pregunta cómo llego a eclipsarse la figura de Abugattas, la
respuesta no la hallara en un complot malévola de la DBA, la CIA o los pitufos.
La caída de Abugattas es obra tanto de sus características personales como de su
desmedido compromiso partidario. La política desde Aristóteles, es siempre el arte
de lo posible. Los políticos en las
democracias precarias tienden hacia un manejo del poder que sobrepasa los límites
de lo socialmente aceptable, una mala costumbre tendiente a abismarlos de
sus representados y que por ende repercute en un mayor desprestigio de la clase política. Muy mal por Abugattas.
Iván
Budinich

