viernes, 27 de abril de 2012

Los pioneritos ya están en el Congreso


Dante Bobadilla Ramírez

Las imágenes mostradas por la TV de los niños llamados "pioneritos" del VRAE, adiestrados por Sendero, me traen el recuerdo de otros quizá no tan niños pero igualmente militarizados y adiestrados en esa diabólica secta política llamada "izquierda" de origen marxista. Estos eran más bien jóvenes y no se educaban en la selva sino en las aulas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima en los años 70. No llevaban armas pero muchos las cargaban clandestinamente. Se formaban en los patios de Letras, por ejemplo, y desde allí cantaban sus canciones guerrilleras que alentaban a la lucha popular, coreaban sus consignas con el puño en alto pidiendo desarrollar la guerra de guerrillas, interrumpían las clases sin pedir permiso y se tomaban todo el tiempo que les venía en gana para instruir a los estudiantes, anunciarles el inicio de una huelga, una toma de local, un congreso popular o cualquiera de esas ocupaciones en que vivían sumergidos. (Continúa...)


A pesar de mi juventud, nunca pude evitar ver a estos alienados como idiotas. Vivían al igual que los fanáticos religiosos cogidos de sus libros marxistas, recitando los versículos de Marx, Lennin o Mao, según los cuales hallaban "la verdad" del mundo. No tenían masas pero hablaban de las masas. No conocían más que a su secta pero afirmaban hablar en nombre del pueblo. No conocían más que las páginas de sus textos sagrados pero hablaban de la realidad social del país. Estaban convencidos de que la justicia social se tenía que imponer por la fuerza de las armas para derrotar al capitalismo, al imperialismo yanqui, a la oligarquía terrateniente, a los explotadores del pueblo, a la sociedad corrupta, etc. Había que purificar a la sociedad con el fuego sagrado de la violencia en busca del nuevo hombre, un hombre con una nueva conciencia social. El mundo debía ser arrasado para reconstruir el paraíso socialista sobre sus cenizas.



Toda esa locura se expresaba en las paredes de San Marcos, donde ya no quedaba espacio libre porque habían sido llenadas con pintas rojas de trazos toscos, anunciando la guerra popular o dando vivas a la lucha armada. Allí fue donde se formaron los primero pioneritos del Perú. A esa promoción pertenecen algunos congresistas de hoy, como Javier Diez Canseco y Rosa Mavila, y funcionarios como Nicolás Lynch, Manuel Dammert y caviares que arribaron a San Marcos para "proletarizarse", como la actual CEO de la CNDH Rocío Silva Santisteban, quien pasó de la Universidad de Lima a la UNMSM. Los niños ricos que salieron con el cerebro retorcido sintiendo el llamado de Marx y de la izquierda tenían que pasar por el ritual de la proletarización. Entonces iban a San Marcos o a los barrios pobres a impregnarse de espíritu proletario. Algo que también hizo nuestra actual alcaldesa Susana Villarán, quien abandonó su distinguido barrio para irse a vivir a una barriada. 

Los pioneritos del ayer son los que hoy se congregan en esa logia de cavernícolas canosos llamada "Ciudadanos por el cambio". Acabo de verlos por la TV repitiendo sus arengas de juventud con el puño en alto. Es evidente que Rosa Mavila no ha olvidado aquellas consignas que coreaba en su juventud. Claro que ya no proclaman la guerra popular. Pero no creo que se les haya borrado de la mente. 


Todos estos desquiciados rojimios que hoy quieren darnos lecciones de moralidad son los que provocaron -directa o indirectamente- el baño de sangre en el que se sumergió nuestro país durante los 80. Algunos se lavaron las manos, otros callaron y otros se dedicaron a defender a los terroristas a través de sus ONGs. Son los mismos que ayer clamaban por guerra popular y predicaban el asalto del poder mediante las armas. La gran pregunta que debemos hacernos es si estos pioneritos del ayer habrán cambiado algo su demencial visión del mundo, sus aprendizajes de la biblia marxista-lenninista-maoista, si es cierto que han aprendido a vivir en democracia y a respetar el Estado de Derecho. Yo la verdad sospecho de todos ellos. Allí están en Cajamarca retando al gobierno, tal como lo hicieran en los 70 y 80. Son los mismo. Más viejos pero son los mismos que provocaron el genocidio de Sendero Luminoso y que nunca deslindaron con el terror.