martes, 1 de mayo de 2012

Como ser un progresista exitoso

 
Dante Bobadilla R.

Amigo lector: las recomendaciones que damos a continuación te permitirán perfilar una carrera política exitosa, sobresaliendo en tu medio hasta ser considerado un hombre inteligente y sabio, pudiendo incluso, si tu constancia es suficiente, acceder a la presidencia. No es broma. Las fórmulas que presentamos en este post han sido probadas repetidas veces y han demostrado su valía para llegar a la presidencia, más allá de lo científicamente demostrable. Van pues nuestros tips o recomendaciones para ser un progresista de éxito. (Continúa...)


En primer lugar tienes que mostrar un pensamiento sumamente progresista. ¿Cómo se logra esto? Es muy simple: solo tienes que pensar igual que las grandes mayorías. Como buen progresista debes interpretar o asimilar el pensamiento generalizado de las masas y luego repetirlo como si fuera tuyo. Esto te asegurará que las masas se identifiquen de inmediato con tus planteamientos, colocándote en el pedestal de la fama. Serás admirado por tu sabiduría y por tus irrefutables ideas, pues provienen de la lógica aplastante de las masas. Si ellas creen que los cerdos vuelan, no te hagas problemas, tu deber es afirmar que ello es cierto. Y no solo eso: promete que siempre habrá suficientes cerdos volando para cubrir el cielo.

Todo tu discurso deberá girar siempre sobre el mismo tópico: el pueblo. Si pretendes ser más específico, menciona a los más necesitados. También puedes utilizar otros términos como pobres, marginados o excluidos. Ese debe ser tu tema central. No te preocupes por abordar otros temas de la política que ni tú ni el pueblo entienden. Sólo ocúpate de lo que el pueblo quiere escuchar. Debes mostrar mucho interés por los pobres, ya que eso te garantiza un perfil de gran sensibilidad social y porque significan muchos votos. O sea que eso es muy importante para tu imagen y para tu caudal electoral. Una manera de mostrar este interés es ofreciendo toda clase de ayudas al pueblo. Obviamente, no de tu bolsillo sino de parte del Estado, pero eso no se notará. Aunque no estaría mal si dices que llevarás al Estado adonde no ha llegado. Esto es contradictorio porque los que te escuchan son votantes y poseen su DNI, pero nadie cuestionará si afirmas que el Estado los tiene abandonados. Ofrece ayuda del Estado por donde vayas: a los pescadores, artesanos, artistas, camioneros, etc. Ofrece créditos, pensión, sanidad, etc. Lo que se te ocurra. No tienes que preocuparse de nada. Tú solo ofrece.

Paralelamente no olvides renegar del sistema. Culpa al "sistema" y al pasado de todos los males del presente y anuncia una nueva era. Preséntate como el mesías que cambiará la historia. Por eso tu mensaje debe girar alrededor del cambio. Haz del cambio una consigna. Deberás incluir en tu discurso tópicos más modernos y elaborados conceptualmente como la inclusión social y la lucha contra la pobreza. Es exactamente lo mismo pero con otro lenguaje más rebuscado. Consigue asesores progresistas. No es nada difícil porque son los que abundan. Ellos te prepararán estos mensajes llenos de contundencia combativa. Tendrás que agregar algunos conceptos misteriosos de imposible elucidación tales como la redistribución equitativa de la riqueza. Otra vez, no te preocupes de lo que significa. Eso va dirigido a tus enemigos políticos que así tendrán en qué pensar y de qué escribir. Pero digan lo que digan, ignóralos y sigue repitiendo tus consignas. Recuerda que una mentira muchas veces repetida se convierte en verdad.

Es muy importante emplear un discurso recargado de palabritas sumamente elocuentes y sonoras. A la gente le encanta el floro y algunas palabras producen un efecto mágico. Abusa sin reparos de palabras como dignidad, igualdad, equidad, soberanía, reivindicación, justicia, derechos, pueblo. Hazte una lista de estos términos mágicos que causan un efecto contundente en las masas. Escríbelo en tus pancartas: "por más justicia y dignidad". No olvides convertir todo en un derecho. Acá tienes que ser creativo: inventa derechos. Por ejemplo, derechos para los pequeños comerciantes, derechos para los usuarios de bancos, derechos para los viajeros, etc. Todos pueden tener algún tipo de "derecho". Recuerda que "derecho" es una de las palabritas mágicas. Promete leyes que garanticen estos nuevos derechos. Y no olvides el tópico de moda: el medio ambiente. Es cierto que al pueblo le tiene sin cuidado el medio ambiente, y menos si se interpone en su actividad predadora informal. Así que no sean tan meticuloso en esto. Enfócate tan solo en las grandes empresas extractivas y condena el "extractivismo". Definitivamente con eso alcanzarás el grado máximo de progresismo y podrás llegar a la presidencia.


Ya en la cima presidencial puedes actuar como un dios y tratar de controlar la economía por decreto fijando precios y tipos de cambio a tu antojo, siempre en beneficio del pueblo. A esto llamarás con el pomposo nombre técnico de "planificación de la economía por parte del Estado soberano", con lo cual rechazarás ponerte al servicio del mercado. Acuña el mensaje "el mercado al servicio del pueblo y no el pueblo al servicio del mercado". Bajo esa consigna podrás manejar la economía a tu antojo. Busca en el entorno a otros progresistas como tú, pues nunca faltan, al menos en Latinoamérica, África y algunos países del Asia islámica. Visítalos e invítalos y tómate fotos con ellos para mostrarlas como "apoyo internacional". Trata de formar con ellos un club de países progresistas. No tendrán nada que intercambiar salvo palabras, pero eso será lo más importante en sus cumbres: los discursos grandilocuentes donde anunciarán el advenimiento de un nuevo orden mundial, derrotando a los enemigos eternos de los pueblos oprimidos.

Si eres algo sensato quizá habrás descubierto que hay una gran cantidad de contradicciones y falacias en todo este programa progresista que te recomiendo. ¡Pero eso qué importa! Tal vez ya sepas que es imposible para cualquier Estado soportar el servicio de tanto bienestar social, que eso es como una pirámide que tarde o temprano colapsará. Pero eres progresista y eso no debe preocuparte. No escuches las críticas, no analices el pasado ni otras experiencias. Frente cualquier observación sobre la economía responderás que es obligación del Estado repartir la riqueza. Nunca retrocedas, al contrario, persevera y avanza más en las reformas. Afirma que aun no se le han cobrado los suficientes impuestos a los más ricos, y que podemos evitar que las empresas extranjeras se lleven nuestras riquezas. Dicho esto podrás nacionalizar algunas empresas extranjeras como si fueran ofrendas al pueblo en medio de una ocasión especial y siempre con un ritual progresista y patriótico, incluyendo el clásico discurso progresista que afirma haber recuperado la soberanía y la dignidad, etc.


Pero esto ocurrirá solo después de que hayas empleado las Reservas Internacionales del país mediante el control del Banco Central, a través de una ley autoritaria o cambio constitucional. A esto apelarás solo después de haber echado mano de las pensiones de jubilación, cosa que harás solo después de haberte apropiado de las divisas extranjeras de los bancos, acto que será presentado como un control estratégico de la fuga de divisas. Enseguida las empresas no podrán importar libremente, lo que te llevará al siguiente nivel de la planificación progresista estatal de la economía que es el control de divisas extranjeras, que en su grado extremo implica permisos para la gente que quiere viajar fuera del país, los que obviamente no son los más pobres ni los más patriotas.


Prepárate para ser cuestionado. El progresismo no se puede detener por las críticas. Enfrenta a la prensa convirtiendo a los opositores en enemigos del pueblo, aliados del capitalismo y de los poderes fácticos. En cualquier momento aprovecha una acusación infundada para enjuiciar al medio, clausurarlo o negarle la renovación de su licencia. Trata a todos tus críticos como enemigos del pueblo y agentes de la CIA. Traza tu lema: a más críticas más socialismo.


Con todo ese panorama de control férreo de la economía y de la sociedad, consolidarás tu imagen y perfil de progresista. Nunca dejes de ser un progresista exitoso, aunque todo el sistema creado colapse sobre tu cabeza. Recuerda que la culpa de los males y problemas siempre es de otros. Prepárate para culpar a los países ricos, a la oligarquía, al capitalismo y al neoliberalismo, a los poderes fácticos, a los grandes intereses, a la CIA y a los EEUU, etc. El progresismo nunca pierde. Después de que alguien arregle el desastre, siempre se puede volver a empezar.