Comparación de Perú e Inglaterra en la lucha antiterrorista
Autor: Vicealmirante A.P. Gustavo Barragán Schenone*
Fuente: Diario Expreso
30 de abril de 1980. Los tres canales de TV londinenses informaron del secuestro en la Embajada de Irán, de un número indeterminado de rehenes, incluido el policíadesarmado que cuidaba la puerta, por terroristas iraníes, del “Grupo de mártires”. Exigían al Ayatola Jomeini liberar 91 prisioneros iraníes y su traslado a Londres en 24 horas o mataban a todos y volaban la embajada.
30 de abril de 1980. Los tres canales de TV londinenses informaron del secuestro en la Embajada de Irán, de un número indeterminado de rehenes, incluido el policíadesarmado que cuidaba la puerta, por terroristas iraníes, del “Grupo de mártires”. Exigían al Ayatola Jomeini liberar 91 prisioneros iraníes y su traslado a Londres en 24 horas o mataban a todos y volaban la embajada.
La primer ministro Margaret Thatcher estaba siendo puesta a prueba. No se veía ninguna actividad pero los boinas azules y agentes de Scotland Yard acordonaron el edificio, instalaron micrófonos en la casa vecina para saber lo que ocurría al interior y picaron la pared medianera hasta dejar solamente el empaste de yeso para que los rescatistas pudieran ingresar. (Continúa...)
Mientras tanto un pelotón antiterrorista del SAS (Fuerzas especiales de la Real Fuerza Aérea) se entrenaba en una réplica de la embajada.
5 de mayo, 13:00 horas. El policía asomó al balcón y a punta de pistola dijo que si no se atendía la demanda comenzarían a matar a los rehenes, que eran 19 iraníes, dos periodistas de la BBC, cuatro súbditos británicos y el policía.
A las 13:31 hubo disparos en el interior. A las 18:50 más disparos y tiraron por la puerta el cadáver del primer rehén asesinado. A las 19:23 oímos la explosión de una bomba aturdidora, y vimos por TV cómo, simultáneamente, un grupo del SAS, enfundados con malla negra de pies a cabeza, voló con explosivos la ventana de seguridad de la embajada.
Otro grupo igualmente enfundado hizo descenso rappel por el patio trasero, mientras los que estaban en la casa vecina, previo apagón, irrumpieron con sus armas rompiendo el forado habilitado días anteriores.
Todos los rehenes, debidamente alertados, se tendieron en el suelo, mientras los SAS entraron disparando a todo lo que estuviera de pie. En 17 minutos terminó la operación “Nimrod”. Todos los miembros del SAS desaparecieron en dos furgonetas. Murió uno de los dos periodistas de la BBC, y los demás rehenes fueron rescatados. Trascendió que no hubo terroristas sobrevivientes. ¡La “Dama de Hierro” no negoció!
A los tres días comparecieron ante el juez los miembros del SAS que participaron en la operación Nimrod, siempre enfundados en malla negra de pies a cabeza. No hubo testigos al interior del juzgado, donde está prohibido tomar fotos y, cuando mucho, en ciertos procesos públicos se permite dibujantes. Rindieron su testimonio y colocaron por toda seña su huella digital. Nunca nadie supo sus nombres y menos sus domicilios. La ley en Gran Bretaña los protege a ellos y a sus familiares para que no puedan ser objeto de atentados y represalias.
Toda la prensa aplaudió el operativo, la primer ministro jamás fue denunciada por “responsabilidad mediata”, los miembros anónimos del SAS nunca fueron denunciados por alguna ONG de DDHH porque actuaron al amparo del “deber cumplido”. El periodismo no volvió a escarbar el tema ni rebuscó “gallinazos”.
Ningún tribunal internacional denunció al Reino Unido por delito de lesa humanidad o de violación de los DDHH de los terroristas secuestradores. No hubo compensaciones para los deudos de los terroristas. El gobierno había cumplido su obligación de proteger a sus súbditos, preservar la paz social y salvaguardar el Estado de derecho.
22 de abril de 1997, en Lima un pelotón de comandos irrumpe por túneles en la residencia del embajador de Japón en el Perú para rescatar a los 72 rehenes secuestrados el 17 de diciembre de 1996, por 14 terroristas del MRTA, durante la celebración del cumpleaños del emperador Akihito.
En el operativo murieron el jefe de los comandos Comandante EP Juan Valer Sandoval, el mayor EP Raúl Jiménez Chávez y el rehén y vocal supremo Carlos Giusti. Trascendió que no hubo sobrevivientes entre los terroristas. Los comandos fueron fotografiados, identificados y denunciados por las ONG por violación de los derechos humanos de los terroristas.
Después de 15 años, se entrevistó en Lima a un ex defensor del Estado peruano ante la CIDH, quien afirmaba que el Perú era culpable de comienzo a fin de lo ocurrido.
El ex procurador del Estado afirmó que el Perú era culpable porque al invadir la embajada violó el derecho de extraterritorialidad de las sedes diplomáticas. Porque hubo el propósito homicida desde el inicio del planeamiento al concebir la liberación mediante una operación militar en vez de una intervención policial. Porque los comandos ingresaron con armas y sin portar esposas para enmarrocar a los secuestradores. Porque a estos no se les leyó sus derechos antes de hacer uso de las armas.
El ex presidente Alberto Fujimori, que pacificó el Perú y nos libró de la barbarie polpotiana que hubiera costado 2 millones de vidas, según estimaciones de la Secretaría de Estado, está en prisión por “responsabilidad mediata”.
Todos los comandos han comparecido en audiencias públicas y después de 15 años siguen compareciendo ante los jueces porque las ONG de DDHH han apelado al Tribunal de la CIDH.
La prensa caviar agravia a quienes expresan su protesta por este atropello contra los comandos sobrevivientes de la Operación “Chavín de Huántar”, mientras al ex ministro de Justicia que en vez de defenderlos se allanó a la CIDH se le ha premiado nombrándolo embajador.
La operación de rescate pudo abortar porque un diario de Lima filtró “la primicia” de que se estaría construyendo un túnel para liberar a los rehenes y para colmo de ironía la prensa escarba la presunta participación de “gallinazos” por la denuncia de un diplomático japonés marxista sobre la supuesta ejecución de un terrorista, aunque los testimonios y las pericias forenses demuestran lo contrario.
Compete al presidente Ollanta Humala, Jefe Supremo de las FF.AA y la Policía Nacional, desagraviar no solo a los heroicos comandos sino a todo el país porque estamos quedando ante la opinión mundial como unos bellacos.
Le corresponde rescatar nuestra soberanía, y denunciar nuevamente el lesivo Tratado, instrumento mediante el cual la “Justicia supranacional” doblega una y otra vez al Estado peruano imponiendo el pago de cuantiosas indemnizaciones de nuestros bolsillos y exigiendo homenajear a quienes pretendieron destruir de raíz nuestra civilización.
¿Que tienen de diferente nuestros intereses nacionales y nuestra soberanía y los de los EEUU que jamás suscribió ese lesivo tratado? ¡Aprende peruano!
(*) Presidente de la Asociación de Oficiales Generales y Almirantes del Perú
Comparación de Perú y EEUU en la lucha antiterrorista
Autor: Uri Ben Schmuel
Fuente: Diario La Razón
El lunes próximo celebramos diecinueve años de la captura de Abimael Guzmán, el genocida que provocó una guerra que costó 25,000 víctimas, equivalentes ocho veces a las que murieron en los ataques a las Torres Gemelas el 11-S, cuyo décimo aniversario se cumple pasado mañana.
(Usamos la cifra oficial que en el Perú, hasta 2002, era aceptada incluso por las ONG derechohumanistas, y no la otra de 60 mil y pico, proyectada por la CVR según un método que solo sirve para calcular la cantidad de peces en un estanque).
En Estados Unidos conmemoran el 11-S con ceremonias a lo largo y ancho del país, como debe ser. Y aplauden las operaciones antiterroristas en Afganistán, pese a su alto costo en vidas de no-combatientes: 1.400 civiles han muerto durante los seis primeros meses de 2011, ó 15% más que durante el primer semestre de 2010, según la ONU.
Y no obstante, también, que los métodos usados por Washington en su afán de extraer información de los terroristas capturados no son aptos para estómagos delicados. Comparada con Guantánamo, la Base Naval del Callao es un spa. Sin embargo, la Corte Suprema estadounidense ha dictaminado que los “interrogatorios avanzados” (eufemismo para lo que es tortura pura y simple) son parte esencial de la seguridad nacional y la lucha antiterrorista. Y no pasa nada.
Por cierto, Bush se fue tranquilo a su rancho de Texas al terminar su mandato. Y ni al más acérrimo de sus adversarios se le ocurrió exigir que fuera juzgado por comandar una “guerra sucia”. Tampoco Obama será enjuiciado por la “liquidación extrajudicial” de Bin Laden y otros cabecillas de Al-Qaeda.
Mucho menos se verá a un solo oficial o soldado yanqui judicializado por “violación sistemática de los DD HH”. Estados Unidos podrá tener muchos defectos, pero es una nación agradecida ante los que se juegan la vida por ella. Y es que tienen muy en claro quién desató la guerra. Y que no existe guerra “limpia”, esa es típica huachafería caviar. War means fighting, and fighting means killing. Por eso, no habrá CVR allá.
Aquí, en cambio, el 12-S pase probablemente sin pena ni gloria. Resulta incómodo destacar un hecho que inevitablemente debe vincularse a Alberto Fujimori. Aunque de seguro los caviares, con la mezquindad que los caracteriza, no dejarán de repetir el mantra que el arresto de Guzmán se produjo pese a y no debido a la política antisubversiva del ex presidente. Y repetirán que estaba pescando cuando cayó Guzmán. Es decir, de La Cantuta y Barrios Altos sí sabía, de lo otro, no. Siempre la ley del embudo…
Y a diferencia de Estados Unidos, que está muy lejos de haber ganado la contienda global contra el extremismo islámico –Al Qaeda cuenta con un sistema de “franquicias” más habitual en una compañía multinacional que en una organización terrorista, y por eso seguirá sembrando de muertos el planeta– aquí triunfamos, y solos.
Recordemos que Washington, en su momento, no movió un dedo por nosotros, pese a que sus funcionarios reconocían que corríamos el riesgo de convertirnos en la Camboya sudamericana. Diarios como el New York Times editorializaban sobre la necesidad de auxiliarnos con una fuerza armada continental, ante el beneplácito de ciertos vecinos que se frotaban las manos ante la posibilidad que el Perú pudiera ser, literalmente, desmembrado.
Muchos lo han olvidado. Pero casi dos meses antes que cayera Guzmán, la guerra que asolaba el interior desde hacía más de una década había llegado con toda su crudeza al jirón Tarata, donde media tonelada de explosivos mató a 29 personas, hirió y mutiló a un centenar y dejó un panorama dantesco de edificios, casas y tiendas en escombros que hermanó a Miraflores con la Beirut de los setenta.
Huaycán era un estado senderista dentro del Estado, hasta con un mástil donde ondeaba el trapo rojo con la hoz y el martillo. Había planes senderistas para cortar la Carretera Central, dejar a Lima desabastecida de alimentos, repetir ataques estilo Tarata en centros comerciales, atentar contra embajadas y propiciar una fuga en masa de la clase media. El arresto del “presidente Gonzalo” fue el principio del fin para una banda que hasta ese momento parecía invencible y muy cerca de tomar el poder.
Pero el recuerdo de lo que pasaba ha ido borrándose paulatinamente. Y millones de peruanos –que no habían nacido en esos años aciagos de apagones, coches-bomba todos los días, masacres campesinas y crímenes selectivos– únicamente conocen “la verdad” en su versión CVR. Y ya sabemos lo que la progresía ha buscado: satanizar a los uniformados y convertir en derrota política una espléndida victoria que tuvo un giro decisivo en una casa de Surquillo, el sábado 12 de setiembre de 1992 a las 8:45 de la noche.
Casi dos décadas después, el presidente que erradicó el terrorismo está encarcelado porque se supone que sabía de dos operaciones que terminaron en daño colateral. Y más de un millar de los heroicos soldados y policías que pelearon la guerra, y la ganaron, son perseguidos judicialmente.
La CVR, los caviares y las ONG han reescrito la historia. Convirtieron en derrota la más grande victoria de la FF AA y PNP en el siglo XX. ¡Hasta les exigen pedir perdón por habernos salvado de SL y el MRTA! Perdón deberían pedir estos quinta columnistas, y de rodillas, por hacerle el juego a los enemigos del Perú.
Humala, no, no puedes hacer esto...
Autor: Aldo Mariátegui
Fuente: Diario Correo
Por allí alguna vez leí que la calidad de una nación se percibe por la manera cómo trata a sus niños y a los animales, al estar estos seres tan indefensos frente a la maldad humana. Pues apuesto que el autor de ese adagio se hubiera muerto en el Perú al enterarse que éste es probablemente el único país del mundo donde -y las fuentes que nos han revelado estos son infalibles- se va a procesar a sus héroes, donde el ministro de Justicia Eguiguren ya casi se ha allanado a procesar a los comandos de Chavín de Huántar, los protagonistas de esa gloriosa operación de rescate de rehenes que se dio en la residencia del embajador de Japón y que, sin exagerar, es motivo de admiración en el mundo (existe un documental en el History Channel que debe de llenar de orgullo a cualquier peruano bien nacido).
¿Se imaginan ustedes a los israelíes procesando a los comandos que liberaron a los rehenes en Entebbe? ¿A Obama enjuiciando a los S.E.A.L.S. que acabaron con Osama Bin Laden? ¿A los ingleses o a los españoles persiguiendo a sus S.A.S. o a sus GEOS que combatieron en arriesgadísimas operaciones secretas al IRA y a ETA?
Refiere el DRAE sobre el término "Inaudito" lo siguiente:
¿Se imaginan ustedes a los israelíes procesando a los comandos que liberaron a los rehenes en Entebbe? ¿A Obama enjuiciando a los S.E.A.L.S. que acabaron con Osama Bin Laden? ¿A los ingleses o a los españoles persiguiendo a sus S.A.S. o a sus GEOS que combatieron en arriesgadísimas operaciones secretas al IRA y a ETA?
Refiere el DRAE sobre el término "Inaudito" lo siguiente:
1. Adj. Dícese de lo nunca oído, sorprendente, asombroso. Ejemplo: Novedad inaudita
2. Dícese de lo insoportable, intolerable. Ejemplo: Tu actitud es inaudita.
Pues bien, ambos significados se ajustan perfectamente a la barbaridad que está planteando Eguiguren. Procesar a los comandos de Chavín de Huántar es sorprendente e intolerable. Es como enjuiciar a Rázuri y sus Húsares de Junín por haber provocado la derrota española en esa batalla con un acto de iniciativa propia o al veinteañero general José María Córdova por desmontar de su caballo y ordenar -yendo él al frente, en un acto de demencial valor- tomar el cerro Condorcanqui bajo una lluvia de balas durante la batalla de Ayacucho mientras pronunciaba su inmortal "¡División de frente! ¡Armas a discreción! ¡Paso de vencedores!" o a Trinidad Morán por defender como un león y salvar la retaguardia patriota de Sucre en la quebrada de Corpahuaico con tan sólo un batallón. Es como enjuiciar a Bolognesi por no haber entregado el Morro de Arica o a Grau por no rendirse en Angamos. Como haber querido meterlo preso al Mariscal Cáceres por "maltratar chilenos" en la Campaña de la Breña o al Mariscal Eloy G. Ureta por haber derrotado en toda la línea a los ecuatorianos durante la contraofensiva peruana de 1941 o al Mariscal Oscar R. Benavides por su épica actuación frente a los colombianos en el desigual combate de La Pedrera durante la durísima campaña selvática del Caquetá (¡2 mil kilómetros recorridos a pie desde Chiclayo! Y tanto Benavides como su tropas combatieron enfermos de beri-beri) en 1911, que posiblemente significó que Loreto aún sea peruano. Como encausar al Mariscal Nieto por voluntariamente aceptar ir a duelo jinete a jinete de lanzas y triunfar contra el colombiano Camacaro en plena batalla del Portete de Tarqui, noble lancero que había desafiado a que algún oficial peruano se le enfrente para dirimir la lucha sólo entre ellos y así evitar que sus tropas luchen contra los Húsares de Junín, con quien Camacaro había combatido junto años atrás, porque no quería mancharse con sangre de héroes y hermanos.
No pues. No podemos ser los peruanos tan miserables, tan malagradecidos, tan hijos de puta con los comandos de Chavín de Huántar. No podemos endiosar a esos miserables que asaltaron la residencia del embajador y humillar a nuestros héroes. No puede ser que los caviares sean tan bajos de tratar de denigrar así esta victoria sólo porque sucedió bajo el fujimorismo.
2. Dícese de lo insoportable, intolerable. Ejemplo: Tu actitud es inaudita.
Pues bien, ambos significados se ajustan perfectamente a la barbaridad que está planteando Eguiguren. Procesar a los comandos de Chavín de Huántar es sorprendente e intolerable. Es como enjuiciar a Rázuri y sus Húsares de Junín por haber provocado la derrota española en esa batalla con un acto de iniciativa propia o al veinteañero general José María Córdova por desmontar de su caballo y ordenar -yendo él al frente, en un acto de demencial valor- tomar el cerro Condorcanqui bajo una lluvia de balas durante la batalla de Ayacucho mientras pronunciaba su inmortal "¡División de frente! ¡Armas a discreción! ¡Paso de vencedores!" o a Trinidad Morán por defender como un león y salvar la retaguardia patriota de Sucre en la quebrada de Corpahuaico con tan sólo un batallón. Es como enjuiciar a Bolognesi por no haber entregado el Morro de Arica o a Grau por no rendirse en Angamos. Como haber querido meterlo preso al Mariscal Cáceres por "maltratar chilenos" en la Campaña de la Breña o al Mariscal Eloy G. Ureta por haber derrotado en toda la línea a los ecuatorianos durante la contraofensiva peruana de 1941 o al Mariscal Oscar R. Benavides por su épica actuación frente a los colombianos en el desigual combate de La Pedrera durante la durísima campaña selvática del Caquetá (¡2 mil kilómetros recorridos a pie desde Chiclayo! Y tanto Benavides como su tropas combatieron enfermos de beri-beri) en 1911, que posiblemente significó que Loreto aún sea peruano. Como encausar al Mariscal Nieto por voluntariamente aceptar ir a duelo jinete a jinete de lanzas y triunfar contra el colombiano Camacaro en plena batalla del Portete de Tarqui, noble lancero que había desafiado a que algún oficial peruano se le enfrente para dirimir la lucha sólo entre ellos y así evitar que sus tropas luchen contra los Húsares de Junín, con quien Camacaro había combatido junto años atrás, porque no quería mancharse con sangre de héroes y hermanos.
No pues. No podemos ser los peruanos tan miserables, tan malagradecidos, tan hijos de puta con los comandos de Chavín de Huántar. No podemos endiosar a esos miserables que asaltaron la residencia del embajador y humillar a nuestros héroes. No puede ser que los caviares sean tan bajos de tratar de denigrar así esta victoria sólo porque sucedió bajo el fujimorismo.
No puedo creer que un militar como Ollanta Humala se preste a esta monstruosidad, a vejar a su propia institución, arriesgando a que las futuras generaciones militares escupan sobre su memoria y le maldigan por desnaturalizado. ¡A ver si este Eguiguren tendría las pelotas para entrar a tiros a una embajada en una operación de éstas!
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