Uno de los mayores logros del progresismo a nivel internacional ha sido prostituir el concepto de "derechos humanos". Al final lo han logrado. Los derechos humanos han perdido ya todo significado desde que el comunismo decidió utilizarlos como elemento de lucha ideológica y política. Esto ocurrió allá por los años 70 cuando la URSS se dio cuenta de que la mejor forma de luchar ideológicamente contra Occidente era tergiversando sus conceptos más emblemáticos, tales como democracia, libertad y derechos. La estrategia fue muy eficaz. Primero infiltraron los organismos internacionales más grandes como la OMS, FAO, UNICEF, OIT, etc., encargados de dictar las políticas, pero sobre todo, de establecer los principios ideológicos. En segundo lugar se montaron sobre la ola posmodernista para iniciar la publicación de diversos estudios sociológicos y políticos con novedosos conceptos que, al igual que los virus, acabaron infectando los discursos y los libros.
Desde esa ola posmodernista de la sociología de izquierda emergieron numerosos conceptos que llevaban el término "social" como componente básico, por ejemplo, inclusión social, conciencia social, sensibilidad social, licencia social, etc. Pero al mismo tiempo cambiaron su sentido viejos conceptos clásicos como democracia y derechos. Sin darnos cuenta nos habían cambiado su significado y empezaron a utilizarlo en un sentido diferente. Así, democracia dejó de ser un sistema de vida basado en la representación política a través de partidos y elecciones libres. De pronto nos hablaban de una democracia en sentido "participativo", que en buena cuenta significaba el caos surgido de la protesta social expresado en las calles, pero también en los montes con revoluciones armadas. (Continúa...)
Lo mismo pasó con el concepto de "Derechos Humanos", que hasta los años 70 fue el símbolo de la lucha contra el comunismo. Nada había más oprobioso para la izquierda que mencionarle los derechos humanos, los cuales empezaban por la libertad, y en especial, la libertad para elegir a su gobierno. Desde la independencia de los EEUU los Derechos Humanos habían estado referidos a la defensa del ser individual frente al Estado y el gobierno. Eran la linea divisoria que le ponía freno a las atribuciones del Estado y del gobierno, colocando al ciudadano por encima de ese poder. Ese concepto disgustaba al comunismo. Por ello los soviéticos iniciaron una lucha ideológica para desvirtuar el concepto de "derechos humanos" hasta convertirlo en lo que es hoy: un concepto vacío.
La lucha ideológica empezó en la conferencia mundial de la salud en Alma Ata, Kzajistán, en 1978, organizada cuidadosamente por los soviéticos. A partir de allí, paulatinamente los DDHH dejaron de ser algo inmanente al ciudadano que lo elevaba por encima del Estado para convertirse en algo que el Estado le concedía. Los comunistas voltearon la tortilla. Ahora era el Estado el que le concedía los derechos a los ciudadanos y se los garantizaba. Es decir, era el Estado el que estaba por sobre los ciudadanos, quienes eran vistos y tratados como borregos a los que se cuidaba y atendía y, eventualmente, trasquilaba. El caballo de Troya se llamó "Salud para todos". El Estado debía hacerse cargo de la salud de todos, pero también de su vivienda, educación, trabajo y cuanto pudiera haber en la vida de una persona. Todo estaba garantizado por el Estado.
La razón para utilizar la salud como la nave nodriza del ataque ideológico comunista fue muy simple: resultó conveniente transformarlo en un megaconcepto, haciendo que la salud no solo sea la ausencia de enfermedad sino también las condiciones de vida. Es decir, la salud lo era todo. Así fue como finalizó aquella conferencia mundial de Alma Ata. La salud se convirtió en el primer concepto prostituido por la avanzada ideológica del comunismo, y la OMS el primer organismo infectado. Hoy la medicina navega en un mar de indefiniciones que alcanzan aspectos biológicos, organísmicos, psicológicos, sociales y medioambientales. De ese modo, garantizar la salud le dio al Estado las llaves para meterse a regir la vida entera de las personas en todos sus aspectos. Pocos conocen de cerca la historia oscura que hay detrás de todos estos novedosos conceptos que hoy llenan las tesis de medicina, derecho, sociología y otras disciplinas.
Hoy vivimos un verdadero festival de derechos. Desde la izquierda surgen los más inesperados derechos que se sobreponen a los tradicionales. Cualquier cosa es hoy un derecho. Las constituciones redactadas a partir de los años 70 reposan en un mar de derechos que acaban finalmente en la retórica más pura y burda, como el derecho a una vivienda digna, inspirada en la política habitacional de los soviéticos, que jamás pudo llamarse "digna" con propiedad. Aunque el comunismo soviético fracasó y desapareció del mapa, lo que nos ha dejado como herencia es una ensalada rusa de conceptos jurídicos que hoy nadie sabe cómo interpretar. Ahora nos hablan de los "derechos sexuales y reproductivos", según los cuales el Estado tendría que repartir la píldora del día siguiente a todas las mujeres. Es decir, el Estado ahora tiene que solventar el sexo. Solo falta que dispongamos hostales a cuenta del Estado.
Siempre que la sociedad arriba a un mar de confusiones, lo mejor es remontar las aguas para volver a los orígenes y redescubrir los verdaderos valores que inspiraron a quienes fundaron las libertades humanas y los verdaderos derechos humanos. Mi recomendación es volver a las fuentes antes que extraviarse en las modernas y caprichosas interpretaciones.
Dante Bobadilla Ramírez
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