viernes, 18 de mayo de 2012

El caso Garatea: libertad, tolerancia e hipocresia


Me caigo de la risa cuando veo los apoyos que ha conseguido el padre Gaston Garatea tras su suspensión en Lima por parte de la jerarquía católica. De la noche a la mañana proclamados ateos y conspicuos anticatólicos han salido cual fieles feligreses a solidarizarse con el padre Garatea y arremeter contra el cardenal Juan Luis Cipriani ¿Tendrá Garatea poderes místicos que ha logrado convertir de la noche a la mañana a reconocidos agnósticos y ateos militantes? No me lo explico, pero si eso no es un milagro, que baje un ángel del cielo y me diga que cosa es un milagro.


El cardenal Cipriani el blanco de todos los ataques de la  furia anticatolica  peruana
Quienes en verdad creemos en la separación entre la religión y la política es condición necesaria para un Estado neutral ante las diferentes concepciones de vida y por ende, una sociedad verdaderamente democrática y tolerante es un sin sentido que la política invada a la iglesia con sus pretensiones. Esa actitud es prácticamente darle patente de corso a la religión, en este caso la iglesia católica para legitimar sus pretensiones de guiar con sus amorosos lazos, todos los aspectos de la vida de los que ni por casualidad pensaríamos en ir a orar a sus templos.

La suspensión del padre Garatea, la excusa perfecta para atacar la Iglesia Católica y a Cipriani
Le guste o no a los amigos, admiradores y creyentes que pueda tener el padre Garatea, este es un sacerdote de la iglesia católica y esta institución tiene sus normas internas que han funcionado y se han perfeccionado durante dos milenios. Evidentemente no es una institución democrática, es una institución de carácter jerárquico. El padre en mención, hizo unos votos y asumió un compromiso de vida, su opinión personal está supeditada por disciplina a la opinión de la jerarquía católica y como en cualquier empresa –la iglesia es un tipo de empresa- si no esta de acuerdo con lo que piensa la gerencia, pues es totalmente libre de irse con su música a otro lado. En este caso solo le han dado una sanción que lo inhabilita en Lima tranquilamente puede ejercer su sacerdocio en cualquier otra ciudad del país o hasta del exterior.

El principio básico sobre el que se erige la ciudadanía liberal es la tolerancia. Como ciudadano y como liberal suelo desconfiar de quienes en nombre de la democracia y la libertad de pensamiento, lo que pretenden es erigirse en censores de todo y de todos para entablar la dictadura del pensamiento único. La iglesia católica a través de su máxima autoridad en el Perú ha tomado una decisión ¿Qué podemos opinar los demás? Sencillamente dejar hacer y dejar pasar, ellos tienen sus leyes y su institucionalidad, los que no puedan cumplir con sus reglas, pues que se busquen otra iglesia o formen su secta aparte, eso es lo correcto. Si son anticatólicos decididos y militantes, pues que sean sinceros, que lo asuman y combatan en buena lid demostrando su verdadera agenda y no escondiéndose cual  Tartufos en una moralidad que internamente rechazan.
La tolerancia es un valor que se da en los dos sentidos

A cambio de esa libertad de acción que le brindamos a la iglesia católica, lo único que le exigimos es que nos deje tranquilos y se limite a inmiscuirse solo en la vida de sus prosélitos que por voluntad propia han accedido a sujetarse bajo sus mandatos y no se inmiscuya en los asuntos del Estado. Mal precedente sentaríamos inmiscuyéndonos en sus asuntos que no nos corresponden ni remotamente también por propia voluntad.  

¿No quieres que se metan en tus asuntos? No te metas en los de los demás ¿Tienes una fobia u odio particular? Pues no te ocultes tras la democracia, la tolerancia y la libertad para molestar al objeto de tus pasiones. Los anticatólicos deberían tener la buena conciencia de hacer explicitas sus intenciones y no esconderse hipócritamente en valores que pisotean con la mania de querer imponer sus reglas a una institución que ya tiene las propias.  Eso tiene un nombre y se llama intolerancia. Aquí y en la China.

Nos leemos.
Iván Budinich
@ibucas