El mayor enemigo de Al Qaeda es un estadounidense converso al islam que vive en el área metropolitana de Washington, donde nació hace más de cinco décadas. Todos los días -y algunas noches- trabaja en un edificio de seis plantas en las afueras de la ciudad, en el condado de Fairfax, en el estado de Virginia.
Allí es donde se planeó el ataque que acabó con la muerte de Osama bin Laden, aunque los Navy Seal se entrenaron en réplicas de la casa de Abbottabad en Carolina del Sur y en Nevada. (Continúa...)
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| Obama Bin Laden |
Y desde ese edificio -cuyo nombre oficial es Centro de Inteligencia George Bush, aunque en EEUU se le conoce familiarmente como Langley, en referencia al pueblo de al lado- ese hombre coordina gran parte de los más de 200 ataques con aviones no tripulados que Estados Unidos ha llevado a cabo en Pakistán, Filipinas, Yemen, Irán, Irak, Somalia, Afganistán y, en las próximas semanas, también Nigeria. Porque Langley es la sede de la CIA. Y esa persona es el responsable del Centro Antiterrorista de esa organización.
Cigarrillo tras cigarrillo, ese hombre, bajo y rechoncho según quienes le conocen y cercano a los 60 años, dirige la primera línea de la guerra de EEUU contra los grupos fundamentalistas en todo el mundo. Nadie conoce su identidad. Lo más que se conoce es el nombre de pila de su identidad falsa, o de una de ellas: 'Roger'.
El perfil del que probablemente sea el mayor 'cazaterroristas' (en el sentido literal) de la Historia publicado por 'The Washington Post' hace cinco semanas lo describe más bien como un personaje de una novela de John le Carré antes que como un James Bond.
'Pequeño y rechoncho'
Físicamente, 'Roger' recuerda a George Smiley, el personaje creado por el novelista británico que también fue espía hasta que Kim Philby -un miembro de la aristocracia británica convertido al estalinismo cuyo padre había entregado Arabia al clan Saud y creó así lo que hoy es Arabia Saudí- desertó a la URSS y le 'destapó'.
Smiley era "pequeño, rechoncho y, como mucho, de mediana edad", según Le Carré. Tenía propensión a vestir ropa cara, pero varias tallas mayor de lo necesario. 'Roger' se limita a vestir como un burócrata, lo que en Washington equivale literalmente a llevar un 'uniforme' gris oscuro con camisa blanca y corbata que desentona haga 20 grados bajo cero o 40 sobre cero. A diferencia de su doble de ficción, 'Roger' hace deporte, y combina su consumo masivo de cigarrillos con horas corriendo en la cinta del gimnasio de la CIA.
Según sus superiores, Smiley tiene "la astucia de Satán y la consciencia de una virgen". De acuerdo a la información del 'Post', los defensores de 'Roger' "ni siquiera se esfuerzan en hacer que parezca que es una persona agradable". "En vez de eso, ponen el énfasis en su talento operativo, su conocimiento enciclopédico del enemigo y su ética del trabajo".
Sus enemigos le definen de otra forma: trabajar con él es como "rascarse con papel de lija". Uno de sus partidarios declara: "Por ponerlo de la forma más positiva posible, diría que es irascible". 'Roger', así, recuerda más a Karla, el enemigo de Smiley en la KGB.
Aventura africana
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| Una estrella por cada agente caido. |
'Roger' nació en una familia que lleva dos generaciones produciendo espías, algo que puede resultar exótico en España, pero que no lo es tanto en las afueras de la capital de EEUU. Acaso por una casualidad literaria, entró en lo que se conoce familiarmente como "la Agencia" en 1979, el mismo año en el que la Unión Soviética invadía Afganistán a sangre y fuego y Jomeini derrocaba al sha de Irán.
Sus inicios en la CIA no pudieron ser peores: regordete y con poca resistencia física, era un destacado miembro del 'pelotón de los torpes' de la clase. Sus informes eran confusos y mal redactados. No parecía ser una estrella en ciernes.
Langley mandó a 'Roger' a África, y eso cambio su carrera. Como muchos otros altos cargos del CTC (las siglas en inglés del Centro Antiterrorista de la CIA), el efecto de vivir en países en los que virtualmente no hay un Estado ni un Gobierno, cargados de divisiones étnicas y tribales y en los que la personalidad de los diferentes líderes marca la línea de cada facción política cambió su perspectiva del mundo y de su trabajo.
Esa es una escuela perfecta para la lucha contra Al Qaeda y sus grupos afiliados. Justo al contrario que lo que entonces eran los destinos 'estrella', en el bloque soviético o en China, donde el espionaje giraba en torno a embajadas, ministros y generales. Los espías de los 80 y 90 se encontraron 'fuera de juego' el 11-S. Los 'segundones' de África pasaron a ser las nuevas figuras.
En África, además, la vida de 'Roger' se transformó. Conoció a una mujer musulmana, se convirtió al islam y se casó.
Ascenso profesional
Al contrario que muchos de sus colegas, 'Roger' nunca ha trabajado, según 'The Washington Post', en ninguna cárcel secreta ni ha participado en torturas. Tampoco ha tenido la tentación de dejar la Agencia por un trabajo en el sector privado que le permitiría multiplicar sus ingresos.
Y no ha mostrado habilidades políticas. En el pasado, chocó en innumerables ocasiones con el militar más 'político' de EEUU: David Petraeus, que ahora, encima, es su jefe directo en la CIA. Frente al optimismo de Petraeus en Irak, 'Roger' insistía en su visión pesimista de la guerra.
Para entonces ya era un valor en alza. Había sido 'jefe de estación' -de nuevo, como se conoce en la CIA a los responsables de la organización en un país- en Egipto, uno de los aliados claves de EEUU, primero, y en Irak, después.
Fue entonces cuando estalló una guerra burocrática en Langley. Tras meses de intriga, el jefe del Servicio Secreto, Jose Rodriguez, logró expulsar de su cargo al máximo responsable del CTC, Robert Grenier. 'Roger' fue el sucesor de Grenier. Con él, el estilo y las operaciones del CTC cambiaron. Y también su vida.
A pesar de su respetable edad, 'Roger' llega a pasarse noches enteras en su despacho. Mientras juega con un rosario musulmán en la mano, dirige los ataques de los aviones sin piloto que se dirigen desde Langley. Él, de hecho, es uno de los promotores de la ofensiva con ese tipo de armas, que ha causado 1.400 muertos sólo en Pakistán desde que Obama llegó a la Casa Blanca, y que oficialmente EEUU ni siquiera ha reconocido que esté llevando a cabo, pero que ha literalmente decapitado Al Qaeda.
Sin embargo, y pese a todos sus éxitos, 'Roger' prácticamente no tiene posibilidades de lograr su mayor objetivo: ser jefe del Servicio Secreto, es decir, la unidad que coordina todas las operaciones de la CIA -una organización con un presupuesto de 30.000 millones de euros- en todo el mundo. La razón, de nuevo, es su mal carácter. Si Smiley era "uno de esos mansos que no ha heredado la tierra", Gerald es más bien una fuerza de la naturaleza, para bien y para mal.
Religión y bajas
Pero 'Roger' tiene otros puntos débiles. La ultraderecha republicana ha reaccionado con histeria ante el hecho de que sea musulmán, a pesar de que no reza en su despacho y, según quienes le conocen, no observa muchos preceptos de esa religión.
Y también ha sufrido a nivel personal. Sobre todo con lo que pasó el 30 de diciembre de 2009. Ese día Al Qaeda derrotó a 'Roger': un espía jordano que en teoría había logrado infiltrarse en la organización terrorista se hizo saltar por los aires en Afganistán. Murieron siete espías de la CIA, en lo que fue la mayor pérdida de agentes de la Agencia en 28 años. Entre ellos la jefa de la base, Jennifer Matthews, de 45 años, una 'protegida' de 'Roger'.
Los espías de la CIA siguen sin tener nombre después de muertos. Sólo se les recuerda grabando una estrella en una pared de Langley. Es el 'Muro de la Memoria' en el que los agentes secretos estadounidenses honran a sus muertos anónimos. Cuando 'Roger' fue nombrado jefe del CTC, el muro tenía grabadas 83 estrellas. Ahora tiene 102.



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