Dante Bobadilla R.
Leo un artículo sobre la nueva "Ley del Cine Peruano" escrito por Hans Rothgeisser que me lleva a otro, y este a otro, y al final me leo cinco artículos sobre el tema, a favor y en contra, incluyendo sus comentarios y respuestas, publicadas en los últimos tres meses. Por último le echo una mirada a la ley alcanzando a distinguir las típicas paparruchadas que perpetran los leguleyos en estos bodrios, como por ejemplo "proclamar el Derecho al cine propio como un derecho inaliebable" (sic). ¡Cuándo no estos tipejos inventando derechos por doquier! Y no cualquier derecho sino "derechos inalienables". ¿Qué coño significa eso?
La verdad es que toda la ley es un perfecto montaje de ficción. Empezando por la proclamación de ese supuesto "derecho inalienable al cine propio" que me gustaría saber de dónde salió. ¿No podrían crearnos el derecho a tener un Playboy propio? Y que, por supuesto, sea también inalienable. (No sé qué será eso pero suena bacán). No es raro pues que acá todos los días se cree un derecho. Los magos los sacan de la manga cada vez que quieren hacer un truco. En especial, sacarle dinero al Estado. Aunque en esta ocasión el robo se disfraza de impuesto. Se llama nada menos que "Impuesto Extraordinario para el Fomento, Promoción, Preservación y Desarrollo de la Cinematografía Nacional" y corresponde al 10% de la entrada al cine. A lo que debe añadirse el 1% del pago por el cable. Esto es lo que yo llamo robo sin pistola. (Continúa...)
Basta leer el nombrecito del impuesto para percatarse de que se trata de un perfecto engaño colectivo. Ni siquiera es "extraordinario" porque en este país el robo institucionalizado al Estado o al ciudadano es cada día más ordinario. Pero acá lo de "extraordinario" se usa como el equivalente a "no te va a doler mi amor". Y luego lo que sigue es un vil disparate que solo puede engañar a los bobos, pues el Estado no tiene el poder mágico para hacer nada de lo que se dice allí: fomentar, promover, preservar y desarrollar la cinematografía nacional. Esas cosa no lo hace, nunca lo ha hecho y nunca hará el Estado. Todo eso no es más que la fantasía delirante de los progres. Y digo esto para evitar llamarlos directamente ladrones y conchudos.
No se puede decir algo diferente de quien pretende que todos los peruanos le financien sus proyectos cinematográficos a la fuerza. ¿Por qué habría que hacerlo? La verdad es que no tienen ninguna razón. No diré "razón válida". Simplemente no tienen ninguna razón. Todo lo que tienen son escusas y mentiras disfrazadas de Grandes Verdades muy típicas del "pensamiento correcto", tributario de un progresismo culturoso. En primer lugar nos meten el cuento de que "el cine es cultura". Y luego afirman que debemos apoyar la cultura. O sea, su cultura, pues hay que notar que bajo el concepto progre de cultura cabe todo, hasta los ladridos de Tongo. Pero nosotros debemos apoyar su cultura. Para eso han creado todo un lobby, (si, claro, un lobby, pues los progres también saben de lobbys).
La ley tiene argumentos ya harto conocidos y gastados, insistiendo ilusamente en que el cine es básicamente un producto cultural, cuando la realidad nos indica otra cosa. Es decir, el concepto de cultura acá se refiere no a toda manifestación de un pueblo sino a las expresiones más cultivadas, es decir, elitistas. Pero el cine más bien busca todo lo contrario: no ser elitista, pretende ser masivo. Por lo tanto la realidad del cine no encaja en los conceptos usados por la ley. Estos son ficticios y maniqueos, hechos con el expreso propósito de justificar el montaje de una estructura que tiene por fin subvencionar a un exclusivo grupo de personajes que no quieren ir a competir en el mundo real. Han preferido armar un lobby y contarnos un cuento sobre el apoyo del Estado a la cultura, afirmando que el cine es básicamente cultura.
Los ciudadanos apoyan la cultura de una manera muy simple y directa, sin necesidad de lobbys. Lo hacen cuando compran una producción discográfica y cuando asisten al teatro, al cine y a los conciertos que ofrecen los artistas. Así es como se apoya la cultura y así es como se va diferenciando lo bueno de lo malo, y no mediante una "comisión de expertos". No deberían hacer lobbys para exigir el apoyo por la fuerza. Tampoco deberían hacer lobbys para vetar una expresión cultural de mayor arraigo que el cine, como son los toros. No hay necesidad de torcerle el brazo a los ciudadanos para que vean o para que no vean algo. Eso es propio de un totalitarismo inaceptable. Desde luego que yo siempre estaré en contra de esos aberrantes proyectos que pretenden obligar a la gente a prohibir una manifestación cultural o apoyar a otra en particular. Los ciudadanos deben ser siempre libres de elegir.
Aunque los progres nos presentan un argumento típico de su mentalidad. Nos dicen que "la realidad está distorsionada". Hay otros que nos dicen que la realidad es injusta. Así es como un progre ve el mundo y siempre está tratando de cambiarlo a base de leyes o revoluciones. Pero de sobra es sabido que nada de eso funciona. La realidad siempre se impone. Las personas inteligentes no luchan contra la realidad sino que participan de ella y aprenden el juego. Un verdadero revolucionario cambia la realidad a base de creatividad e ingenio, no con leyes.
El cineasta peruano dice que la "realidad está distorsionada" porque hay una predominancia del cine de Hollywood. Esto es tan absurdo como decir que la naturaleza está mal porque hay más insectos que humanos. Recordemos que en la mentalidad de un progre la realidad debe ser igualitaria y "justa". Toda desigualdad es una injusticia. Pero ese no es un problema de la realidad sino de la mentalidad progre. Al final quien manda es el consumidor. Es el ciudadano libre que elige qué ver. Según los progres el enemigo del cine peruano son "las Majors". Son ellos los que deciden qué se exhibe en las salas, pero no es así. Quien decide es el público. Los dueños de cine están haciendo un negocio y les conviene exhibir lo que la gente quiere ver y paga por ver. Es simple.
Para variar, la ley del cine progre quiere que el mundo sea igualitario, y que las producciones nacionales compitan "en igualdad de condiciones" con las extranjeras. Para esto pretenden obligar a los exhibidores a reservar una cuota de pantalla para las películas peruanas. Esto ya no es igualdad de condiciones, porque la igualdad no puede estar referida solo a la cuota de pantalla. ¿Y qué hay de la calidad? Si las películas de Hollywood son exhibidas se debe a la preferencia del público, y eso es lo único que cuenta, pues se trata de un negocio. El resto es arbitrariedad y abuso de poder. Una ley que impone cuotas obligatorias de pantalla sí que distorsiona la realidad. La falsea, hace perder dinero y al final nos engañamos todos y perdemos todos.
Lo que deberían indagar los cineastas peruanos es ¿por qué fracasa el cine peruano? ¿Por qué no es atractivo para el público? Un progre nos lo explica así: ellos no hacen películas para el gran público sino para un "público selecto", amante del "buen cine", para aquel que considera al cine "una expresión artística que contribuye a formar ciudadanos críticos de sus circunstancias, cada vez más conscientes y libres. Y lo hacen con películas que que señalan las cosas que creemos que merecen ser cambiadas" (sic). O sea, los progres quieren imponernos a la mala su concepto de cine-cultura y encima utilizarlo como plataforma política. ¿Y nosotros tenemos que financiar esas estupideces? ¡No faltaba más!
Para la gente normal el cine es fundamentalmente un medio de entretenimiento. Eso es lo que busca la gente cuando va al cine y para eso paga su plata. Para el Estado el cine es básicamente una industria y un negocio, y así debe verse. Pero para el lobby que anda detrás de la famosa "Ley del cine" y del dinero fácil, el cine es exclusivamente "cultura", y una "cultura progre". Es una lástima que los políticos sucumban ante estos encantadores de serpientes. Un progre no tiene remedio. En lugar de aprender de la realidad, quiere cambiarla según su iluminada mentalidad. Tienen que aprender a respetar la realidad y a responder a las exigencias del libre mercado. Así es como funciona el mundo real.
Lo peor de todo es que ya hemos comprobado muchas veces lo nefasto que son estas leyes de supuesta y aparente "promoción". Cada vez que el Estado ha querido promover la industria asegurándole una preferencia artificial mediante ley, lo único que se ha conseguido es su postergación, atraso y mediocridad. Esto ya lo sabemos como "dos más dos son cuatro". ¿Por qué se insiste siempre en las mismas tonterías? ¿Es que nunca vamos a aprender que la competencia sana es lo único que nos permitirá desarrollarnos? ¿Hasta cuándo los políticos se dejarán presionar por los bloqueadores de carreteras, los quemallantas y por los lobbistas de izquierda?
Lo peor de todo es que ya hemos comprobado muchas veces lo nefasto que son estas leyes de supuesta y aparente "promoción". Cada vez que el Estado ha querido promover la industria asegurándole una preferencia artificial mediante ley, lo único que se ha conseguido es su postergación, atraso y mediocridad. Esto ya lo sabemos como "dos más dos son cuatro". ¿Por qué se insiste siempre en las mismas tonterías? ¿Es que nunca vamos a aprender que la competencia sana es lo único que nos permitirá desarrollarnos? ¿Hasta cuándo los políticos se dejarán presionar por los bloqueadores de carreteras, los quemallantas y por los lobbistas de izquierda?
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