martes, 19 de junio de 2012

La minoría revoltosa


El resultado de las últimas encuestas nos revela que los revoltosos de Cajamarca no son la mayoría. Eso ya lo habíamos sospechado desde que los agitadores necesitan movilizar campesinos desde diversas y alejadas circunscripciones para hacer bulto en la ciudad. Las tres encuestas publicadas (Datum, CPI y Apoyo) coinciden más o menos en las cifras y queda claro que la mayoría de la población rechaza la actitud de Gregorio Santos y su valet de eco comunistas. También queda claro que la mayoría del país quiere que el proyecto Conga vaya. Allí incluso la mayoría es aplastante: 70%.

Adicionalmente encontramos algo lógico: la mayoría rechaza las actitudes violentistas de estos agitadores antimineros, tanto de Cajamarca como de Espinar. El país está harto de ellos. Sin embargo estas opiniones de la mayoría de peruanos no se refleja en los hechos cotidianos donde apreciamos que los agitadores parecen tener las cartas del triunfo por su griterío y movilización. También hay una extraña visión mediática que solo muestra la represión policial, convirtiendo a los revoltotos en víctimas. No se transmiten con la misma claridad las marchas de estos agitadores, gritando consignas y amenazas a los comerciantes para que cierren sus puertas. Además tenemos a los angelitos de la caviarada limeña pidiendo el cese de la represión policial y pintando al gobierno de Ollanta Humala como un modelo de represión y no de diálogo. (Continúa...)


Más aún, lo que más se ha comentado de las encuestas ha sido el descenso de la aprobación de Ollanta, con curiosas interpretaciones como la que suele hacer la roja Giovanna Peñaflor, quien acusa al gobierno de falta de diálogo pidiendo la salida de Valdés. Hasta Augusto Álvarez Rodrich se ha sumado al coro rojo que pide la salida de Valdés. No nos olvidemos que Valdés se convirtió en el blanco del rojerío apenas juró el cargo. Desde ese día la izquierda le ha dedicado todos sus conjuros maléficos, pero también de parte de algunos social confusos que siempre acaban haciéndole el juego a los rojos, progres y caviares. Pero hay todavía otras formas de analizar estos resultados. 

Sin duda la existencia prolongada de conflictos no le agrada a nadie. La gente ya está con los gemelos hinchados por Gregorio Santos, el cura Arana, el terruco Saavedra y todos los demás eco comunistas. Y al final quien paga el pato de esta impaciencia es el Presidente Humala, pues es quien tiene la responsabilidad final de poner orden en el país. Y Ollanta ha empezado a flaquear en el manejo de los conflictos, principalmente en el de Cajamarca, dejando que Gregorio Santos crezca como figura y hasta se de el lujo de pedir su vacancia. El ciudadano percibe caos y esta es una percepción desagradable para cualquier ser humano. Es como vivir en una casa donde los padres se gritan y se amenazan todos los días. Esto y no otra cosa explica mejor el descenso de la aprobación de Ollanta. La gente quiere soluciones ya.

Si el gobierno sabe interpretar correctamente el resultado de las encuestas podría enfrentar el caos del eco comunismo cajamarquino con mayor autoridad y la gente lo va a aplaudir. No nos olvidemos que acá a la gente le gustan las soluciones autoritarias. Además, en este país no hay otra forma de solucionar esta clase de conflictos porque estamos frente a gente irracional e intransigente que cree que se saldrá con la suya porque ya lo lograron antes en Tía María, Tambo Grande, Santa Ana, etc. Ellos están apostando al desgaste del presidente y la caída de Valdés. Están buscando llevar al gobierno nuevamente a la mecedora del diálogo, imponiendo a los interlocutores que les da la gana, tanto de parte del gobierno como de los frentes. Los rojos están convencidos de ganar una vez más. Y es que los dos últimos gobiernos siempre retrocedieron. ¿Habremos aprendido algo de toda esa experiencia? ¿O seguiremos en las manos de los agitadores? Si Ollanta cede debe tener muy claro que lo que le resta de gobierno será un infierno.

Ya no se puede seguir cayendo en el cuento rojo del diálogo. La etapa del diálogo se agotó con el peritaje que ellos mismo pidieron. Ahora es el momento de que reconozcan que no tienen la razón, que el proyecto es viable, que el Estado está dando todas las garantías, que el agua está garantizada y que la población quiere una oportunidad de desarrollo en lugar de expulsar a Newmont y perder el canon, que es lo que pretende el irracional presidente regional y su comparsa de iluminados comunistas. Es hora de hacer el siguiente movimiento y poner en jaque a esa minoría revoltosa que está desgastando no solo las cuentas de los cajamarquinos sino la popularidad del Presidente de la República y sobre todo la paciencia ciudadana.

Dante Bobadilla Ramírez