martes, 19 de junio de 2012

Los Presidentes - Candidatos


Autor:      Mario Saldaña
Fuente:   Diario Correo

Uno de los graves problemas de nuestro sistema político es que desde 1990 en adelante hemos tenido presidentes con vocación releccionista, o lo que es lo mismo, presidentes/candidatos.

Ese ha sido uno de los principales limitantes de todos los gobiernos para acometer las reformas esenciales que el Estado requiere para empezar a cumplir su tarea de brindar mejores servicios al ciudadano (educación, salud, infraestructura, justicia, seguridad, etc.). (Continúa...)

Los verdaderos "poderes fácticos" son las actuales estructuras que hoy impiden que con una presión tributaria cercana al 16% del PBI (que en realidad supera el 23% si contamos el íntegro de los aportes que hacemos los ciudadanos al Estado) no contemos con un Estado que funcione mínimamente bien.

Y por más que se diga lo contrario, la "encuestitis" sí tiene un peso decisivo para efecto de la toma de decisiones. "Romper huevos para hacer tortillas" no solo puede implicar una muy baja aceptación popular, supone concertar y ceder con miras armar pactos de verdad para darle viabilidad política a determinadas decisiones fundamentales.


Por ejemplo, todos los señores que cada cierto tiempo se sientan en la mesa del Acuerdo Nacional, saben que para ejecutar siquiera el 30% de lo que se han comprometido requeriría de una sólida alianza política porque el costo de la factura es demasiado alto.

Uno de esos temas es el actual modelo descentralizador. Este no funciona. Se concibió para un país de escasos recursos fiscales que se transferían a cuenta gotas y muy progresivamente a las entidades de gobierno regional y municipal. Pero el crecimiento que sigue experimentando el Perú viene entrando en una gran colisión con la incapacidad de diseño y ejecución de proyectos de la mayoría de autoridades del interior.

La gran insatisfacción por un Estado que no llega o llega mal deriva en la elección de líderes radicales que, tarde o temprano, jaquean al gobierno central con una serie de condicionalidades por un puro afán político.

Si no se cambia este modelo hacia, por ejemplo, el de macrorregiones mucho más integradas y con mejores estándares en la gestión pública, tarde o temprano iremos por un camino de desintegración y mayor violencia.

¿El presidente Humala está dispuesto a asumir el costo político de cambiar el modelo? Quizá por ahí puede empezar la Gran Transformación.